UNA JENUFA MUY SÓLIDA EN LO MUSICAL PERO DISCUTIBLE EN ESCENA
Scherzo - 18/09/2026 / Luis Suñén

A Coruña. Palacio de la Ópera. 17-IX-2026. Temporada Lírica de Amigos de la Ópera. Vanessa Goikoetxea, Eliska Weissová, Alejandro Roy, Joan Laínez, Cristina Faus, Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero, Ruth González. Orquesta Sinfónica de Galicia. Coro Gaos. Director musical: José Miguel Pérez-Sierra. Director de escena: Emiliano Suárez. Janácek: Jenufa.
Ciento veintidós años después de su estreno, consolidada absolutamente en el repertorio y con producciones más o menos recientes en el Teatro Real, el Liceu de Barcelona, el Palau de Les Arts de Valencia y el Maestranza sevillano, llegaba por fin a Galicia Jenufa, la primera muestra del genio operístico de Leos Janacek. El resultado ha sido un triunfo en lo musical por parte de un elenco tan idóneo como entregado. Excepto Eliska Weissová, la sacristana Kostelnicka, y Vanessa Goikoetxea, en el papel titular, todos debutaban en Janácek, incluido José Miguel Pérez Sierra en el foso. A notar que, salvo la primera, todos eran españoles, lo que revela el olfato de Aquiles Machado, que se despide como director artístico de Amigos de la Ópera, a la hora del casting y la buena materia prima con que hoy contamos para empresas antes imposibles.
La producción, dirigida escénicamente por Emiliano Suárez, trataba, por una parte, de acercar la acción al espectador y, de otro lado, presentar una Jenufa sufriente pero finalmente empoderada. Lo primero no acabó de lograrse al trasladar el conflicto a los Estados Unidos se supone que de los años cuarenta —el cartel que ocupa el escenario, una gasolinera, en el primer acto es de 1943— pero con anacronismos como la aparición de Steva en un Mini matriculado, además, en A Coruña —por suerte hay en Virginia una ciudad llamada Viena, lo que evita otro problema en la lógica interna del libreto. En el segundo acto, la casa de Jenufa y la Sacristana se convierte en una suerte de muro pétreo, cerrado y ominoso y, en el tercero, el desenlace sucede en un espacio que hubiera servido para cualquier localización. En general, Suárez firma una buena dirección de actores y resuelve adecuadamente un final en el que al amor prometido sigue la marcha de Jenufa hacia la luz y el sometimiento de Laca —manco, curiosamente— a su destino. El coro resultó un elemento perturbador, no por su papel en la historia sino por mor de una fea caracterización cuyo significado no acababa de verse. Tampoco parece que hicieran falta los ruidos amenazadores antes de cada acto.

Musicalmente la función fue un triunfo incontestable. Empezando por el foso, con un José Miguel Pérez-Sierra que volvió a demostrar que es un estupendo director de ópera y al que Janácek puede darle muchas alegrías. Con una OSG pletórica subrayó los acentos que el compositor otorga a los momentos decisivos de la ópera y entendió perfectamente algo aquí básico: que el checo no hace nunca trampa, que la emoción llega siempre con pleno respeto a un espectador que no necesita que le subrayen dónde debe llorar y que Jenufa acaba por ser una variante plena de inteligencia del verismo reinante entonces.
El reparto fue impecable, partiendo de la base de unas voces que lo dieron todo. Ninguno tuvo problema alguno con las tesituras que se le plantean y todos cumplieron a la perfección con ese “cantar como se habla”, que Pérez-Sierra considera una de las claves del arte de Janácek. Vanessa Goikoetxea, que está en un momento extraordinario, fue una Jenufa perfectamente creíble en su peregrinaje de la oscuridad a la luz y su plegaria del segundo acto fue simplemente modélica. Eliska Weissová es una de las grandes Kostelnikas de nuestros días. La voz es imponente, el centro es amplio y le permite un sólido apoyo para un agudo que domina la expresión del dolor por la desgracia de su hijastra y por la barbarie en su modo de resolverlo. Los dos tenores —nunca se sabe lo que uno puede llegar a cantar— estuvieron igualmente a gran altura. El joven Joan Laínez circuló con facilidad por los vericuetos del abominable Steva y el curtido Alejandro Roy puso toda su valentía canora para salvar a ese pobre hombre que es Laca —aquí, curiosamente, manco. Cristina Faus fue una convincente Abuela —un rol que, sin embargo, se le adjudica con frecuencia a alguna vieja gloria— y Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero y Ruth González, experta en papeles como el de Jano, rayaron a la altura de sus compañeros con más protagonismo. Cosa rara en estos casos, se puede decir que nadie hizo nada mal, que estas voces menos expuestas fueron perfectamente conscientes de lo que sus papeles suponen en una ópera como esta.
Deficiente el uso de los sobretítulos, que están para guiar al espectador, no para hacer que se sorprenda con alguna errata o que se le anticipen los diálogos. No se llenó el Palacio, lo que decepciona un poco si se piensa que esta ciudad se considera a sí misma una plaza de primera en lo operístico. Queda otra función mañana sábado y este crítico no puede por menos que recomendar vivamente a cualquier amante del género que no se la pierda.
Luis Suñén
CONDENADA AL ABISMO
Platea Magazine - 18/09/2026 / Alejandro Martínez

A Coruña. 17/09/2026. Palacio de la Ópera. Amigos de la Ópera de A Coruña. Janáček: Jenůfa. Orquesta Sinfónica de Galicia. Emiliano Suárez, dirección de escena. José Miguel Pérez-Sierra, dirección musical.
La 74 temporada lírica coruñesa levantó ayer el telón con una nueva producción de Jenůfa, del checo Leoš Janáček, con la firma escénica de Emiliano Suárez y con José Miguel Pérez-Sierra liderando el foso, al frente de la Orquesta Sinfónica de Galicia, con la soprano Vanessa Goikoetxea debutando en el rol titular.
La propuesta de Emiliano Suárez apuesta por el crudo realismo del libreto, de una severidad a veces insoportable, trasladando la acción a la Norteamérica profunda, en los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, en un lugar remoto de los Estados Unidos. Jenůfa es aquí una mujer fuerte, empoderada, encargada en una pequeña instalación de surtidores de gasolina. Sus padecimientos y sus miserias no dejan de latir en una representación que parece mostrarnos a Jenůfa como un ser condenado al abismo.
Suárez resuelve bien el final de la obra, con la inestimable contribución de la iluminación de Luis Perdiguero, creando así un efecto lumínico de indudable fuerza teatral, bien acompasado además con la transición musical prescrita por Janáček, hacia ese desenlace cargado de esperanza, con Laca y Jenůfa unidos en busca de un futuro mejor.
Un enorme cartel con el lema ‘We Can Do It’ preside la escena, con un atinado diseño escenográfico de Alfons Flores. Esa misma estructura se da la vuelta en el segundo acto, habilitándose como las respectivas estancias de la casa de Jenůfa.
La propuesta de Suárez se sostiene también por una trabajada dirección de actores. Los personajes protagonistas están así sumamente bien delimitados, con la inestimable labor de Ana Garay en el figurinismo. Especialmente atinados resultan los dos tenores, Števa y Laca, aquí encarnados por Joan Laínez y Alejandro Roy, respectivamente. El primero se presenta como un hombre licencioso, un borrachín de medio pelo, incapaz de comprometerse con sus obligaciones maritales. El segundo en cambio se nos muestra como un hombre acomplejado, tullido y violento. Entre los dos destrozarán la vida de una Jenůfa que pareciera condenada al abismo.
Tan solo me pareció un tanto discutible la caracterización del coro de campesinos, aquí convertidos en una suerte de aquelarre. La idea es buena y el impacto visual que se busca con ello tiene sentido, pero algo no termina de funcionar en sus repetidas apariciones.

Excelente desempeño del cuarteto protagonista, encabezado por la citada Vanessa Goikoetxea, quien asume así un nuevo rol en su ya extenso y variado repertorio, transitando con pasmosa facilidad de Tosca a Lady Macbeth, pasando entretanto por Rusalka y, ahora también, Jenůfa. La soprano de Durango defendió el rol con manifiesta musicalidad y con probado poderío vocal. Su encarnación tuvo intensidad y lirismo a partes iguales, con una excelente rendición de su gran escena del segundo acto. En suma, un debut modélico, de gran integridad artística; ahora solo queda que el esfuerzo de montar un rol como este no quede tan solo para ella en estas dos funciones coruñesas.
A su lado deslumbró también el poderío vocal de Eliska Weissová como Kostelnička. Suárez consigue afianzar en ella una presencia escénica realmente inquietante, con una caracterización muy perturbadora, como si cada una de sus apariciones en escena fuese realmente un augurio funesto.
En la parte de Steva, el mallorquín Joan Laínez sorprendió con un instrumento de genuino tenor spinto, con punta, facilidad en el agudo y con una proyección deslumbrante. Laínez mostró también desparpajo escénico, bordando su primera escena, cuando aparece ebrio ante Jenůfa. De igual manera Alejandro Roy volvió a mostrar la rotundidad de su instrumento y el arrojo de su canto, plegándose además muy bien a la caracterización del rol de Laca, ya antes mencionada.
Muy meritoria labor también de Cristina Faus, asumiendo el rol de la abuela en lugar de la prevista Marianne Cornetti. El cartel se completó con las atinadas intervenciones de Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero y Ruth González.

Excelente rendimiento en el foso de la Orquesta Sinfónica de Galicia, reivindicándose como una de las mejores formaciones del país. Comandada por José Miguel Pérez-Sierra, principal director invitado de los Amigos de la Ópera de A Coruña, la formación hizo gala de una cuerda densa y expresiva, singularmente en los momentos de mayor dramatismo, respaldada ahí también por un metal contundente y nítido. El maestro madrileño se adueñó de la partitura con firmeza, con una dirección rigurosa y transparente, dando lo mejor de sí en los instantes de mayor lirismo de la partitura, que alberga pasajes realmente conmovedores.
Cabe destacar, por cierto, el enorme mérito que supone poner en pie esta obra con un elenco casi íntegramente español, a excepción de la Kostelnička encarnada por Eliska Weissová.
Y una lástima que el Palacio de la Ópera presentase notables huecos en su aforo, dado el nivel general de la propuesta. Todavía están a tiempo de acudir a la segunda y última representación, este sábado 19 de septiembre.
Alejandro Martínez
JENUFA: LA VIBRANTE EMOCIÓN DE LAS PRIMERAS VECES
La voz de Galicia - 18/09/2026 / Hugo Álvarez Domínguez
La producción de Emiliano Suárez demuestra que se puede hacer teatro en lenguaje contemporáneo sin traicionar el espíritu original de la ópera de Leos Janácek

Ahora que Leos Janácek está cada vez más asimilado en los grandes escenarios, Jenufa fue el primer título de su autor en presentarse en Galicia, con producción teatral de alto voltaje y notable elenco casi enteramente español. Largos aplausos refrendaron un éxito que demuestra que el público coruñés está ávido de ampliar miras.
La producción de Emiliano Suárez (coproducción entre Ópera Garage y Amigos de la Ópera) traslada este drama a la América profunda de los 50, en un contexto en el que el paraje (seco, árido y venteado) está presidido por una gasolinera de paso de la que los personajes no pueden salir. Esa falta de horizonte de expectativas dispara un drama en el que Suárez (que sigue la acción de modo bastante literal, salvando algunas decisiones del tercer acto) no rehúye ni el sentido del teatro ni la comodidad de los cantantes (tienden a estar en primer término). El acabado es impecable, desde la escenografía de Alfons Flores (con el mítico cartel de We can do it! presidiendo el primer acto a tamaño natural y Jenufa ataviada como la mujer del cartel; y un muro pétreo frío que sirve para sugerir la casa de Kostelnicka y que en varios momentos se cierra para sugerir la imposibilidad de escape a la que se ven sometidos los personajes) hasta el vestuario de Ana Garay (siempre elegante y estilizado; con el hallazgo de convertir al pueblo en un coro de espantapájaros de fuerte carga simbólica) y unas luces de Luis Perdiguero con gran valor expresivo (ese amanecer, o la luz blanca cegadora final). Suárez demuestra que se puede hacer teatro en lenguaje contemporáneo sin traicionar el espíritu.
El enfoque da dignidad a todos: la Sacristana está dibujada con elocuente sobriedad y Jenufa planta cara (ataca a su madrastra por rabia en el desenlace antes de rechazar el amor de Laca y marcharse sola a un futuro incierto sin depender de nadie, pero ¿hacia dónde?). La producción se pone al servicio de la trama y es un triunfo teatral, aunque la cicatriz de la protagonista debe ser más visible.
El reparto fue prácticamente español, con casi todos debutando y notable nivel general. Vanessa Goikoetxea, pletórica, (la voz recuerda a Gundula Janowitz) encontró en su primera Jenufa el equilibrio entre intensidad dramática, emoción y redondez vocal, con voz timbrada, cálida y homogénea: triunfo personal (su gran escena del segundo acto conmovió a las piedras). En la experimentada Kostelnicka de Eliska Weissova hubo sorpresa: voz timbrada y penetrante y segura en el agudo, permitiendo escuchar el rol más cantado y menos declamado. Alejandro Roy lució timbre generoso y agudo squillante en Laca; mientras Joan Laínez confirió a Steva color oscuro y sonoro, con modales de canto de la vieja escuela en el mejor sentido. Cristina Faus supo hacerse notar como abuela.
Entre los secundarios, gran construcción del Jano de Ruth González, especialista en estos roles o la sana Karolka de Belén Vaquero; aunque todos (Gabriel Alonso, Andrea Varela, y Javier Agudo) rindieron a buen nivel. El Coro Gaos salió airoso de la difícil prueba de cantar en checo.
Este tipo de partitura (de marcada temperatura orquestal) es ideal para una OSG, pletórica (brillantes la cuerda o el xilófono que abre la ópera) y José Miguel Pérez-Sierra cinceló la progresiva tensión dramática, con momentos muy logrados (final del segundo acto, inicio del tercero) sin temer desatar a la orquesta.
La emoción se palpó al final de la representación. Hay que celebrar la importancia de dar al público gallego por primera vez este título fundamental de la literatura operística.
Hugo Álvarez Domínguez
NUEVAS PERSPECTIVAS DE UNA OBRA MAESTRA
Beckmesser - La Razón 18/09/2026 / Arturo Reverter
Janacek: Jenůfa. Vanessa Goikoetxea, Elisk Weissova, Alejandro Roy, Joan Laínez, Cristina Faus, Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero, Ruth González. Dirección musical: José Miguel Pérez Sierra. Director de escena: Emiliano Suárez. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Ana Garay. Iluminación: Luis Perdiguero. Director del Coro. Fernando Briones. Orquesta Sinfónica de Galicia. Coro Gaos. Palacio de le Ópera, A Coruña, 17 de septiembre de 2026.

Hay que felicitar a Aquiles Machado, que ha cumplido su último año como director de la temporada lírica de los Amigos de la Ópera de La Coruña, por haber seleccionado este fundamental título de Janacek, que nunca se había visto en a ciudad gallega. Obra maestra sin duda esta tercera ópera del compositor moravo que vio la luz en Brno, el 21 de enero de 1904. Recrea un suceso pueblerino envuelto en una atmósfera costumbrista muy conectada con el verismo coetáneo (Madama Butterfly de Puccini se estrenó tan sólo un mes más tarde).
Janácek emplea ya aquí, aunque sin alcanzar la estilización posterior, de una mayor economía, agresividad y sentido de la elipsis, sus característicos motivos cortos e incisivos, elaborados a veces a partir del habla cotidiana y que suponen un acercamiento al mundo circundante. El músico era un opositor a todas las reglas y hábitos de la progresión habitual de los acordes y recomendaba a los estudiantes que escuchasen progresiones singulares, más expresivas y valiosas. Ese lenguaje, hasta cierto punto original, alcanzaría todo su esplendor en una ópera como esta que ha tenido en este caso una muy plausible interpretación musical.
En primer lugar por la actuación del repato vocal, muy meritorio, adecuado y entregado en el que ha destacado de manera sobresaliente la soprano Vanessa Goikoetxea, cada vez más entonada, afinada y expresiva. Su voz, de un lirismo muy sano y natural encaja pefectamente en lo que pide el personaje: intensa acentuación, sugerente y límpida, sentido rítmico para enlazar sin apuros las complejas frases, igualdad de registros, afinación, solamente perjudicada aquí por algún agudo relativamente templado (en el último acto). Su timbre, brillante y plateado, su pronunciación y regulación encajaron perfectamente en lo que pide un personaje que viene definido particularmente por la emoción.
A su lado cumplió sobradamente el resto del bien escogico reparto, con la soprano dramática Eliska Weissová a la cabeza interpretando a una Sacristana robusta, incisiva, contrastada, caudalosa, con un centro ancho y poderoso y con un timbre si no bello, sí adecuado al personaje y a sus intenciones. Graves débiles y desiguales. Tuvimos dos tenores perfectos. Laca fue Alejandro Roy, spinto bien centrado, que supo enmplear sus latigazos vocales y sus agudos plenos y demoledores para expresar las cuitas del inseguro y racial personaje. Steva, mujeriego, borracho y egoísta fue Joan Laínez, un lírico pleno bien timbrado, fácil de emisión y ortodoxo de expresión.
Cantó muy bien, estupendamente caracterizada como abuela Buryja, la siempre en su punto mezzo lírica Cristina Faus. Bien el barítono lírico gallego Gabriel Alonso en su papel de Capataz. Cumplidores los demás, incluida la infalible Ruth González en uno de sus habituales papeles de mozalbete.

Todos estuvieron bien arropados por la cálida batuta, móvil y danzarina pero clara y elegante, de Pérez Sierra, que ofreció una lectura muy notable por su habilidad para resaltar los aspectos más líricos de la partitura y por su destreza en los acompañamientos, siempre pendiente de las líneas vocales. Un mayor grado de contrastes dinámicos, de tensión rítmica, de variedad acentual hubieran mejorado algo más una labor en todo caso encomiable apoyada en una flexible, sonora y afinada Sinfónica de Galicia. Y en un coro bien acoplado y sugerente dirgido por Fernando Briones.
El director de escena, Emiliano Suárez, es hombre inquieto, culto, imaginativo, en busca siempre -como la mayoría de los registas de hoy en día- de nuevas perspectivas, puntos de vista, segundas o terceras lecturas. Trata siempre de profundizar, modificando esquemas conocidos, en la anécdota humana, en el trasfondo, encontrando en ocasiones soluciones fantasiosas y sorprendentes. En esta ocasión da un giro espectacular a la historia y la sitúa en una tierra hostil y empobrecida de los Estados Unidos a mediados de los cincuenta del siglo XX. Algo inspirado en la conocida película de Peter Bogdanovich de 1971 The Last Picture Show, que nos ofrece un panorama ensombrecido de una pequeña comunidad rural de la América profunda.
Está muy bien urdida la historia, cuyo primer acto se sitúa en una gasolinera llevada por Jenufa situada al pie de un enorme anuncio de Coca-Cola. Es realmente el único apunte que nos conecta con ese América profunda porque los otros dos actos se desarrollan con un enorme frontispicio rocoso en el que se practican pequeñas aberturas (dos ventanas y una puerta en el segundo) y uan puerta grande (tercero). Los coros de campesinos desaparecen y son sustituidos por curiosos espantapájaros, que tratan de conectarnos con un campo hostil.
Al final, al cierre de una acción algo confusa de movimientos y situaciones en donde la boda rural queda totalmente borrosa, Jenufa, en vez de quedarse junto a Laca a la espera de una futura y más bonancible existencia tras la detención de Kostelnicka (por haber matado al hijo de Jenufa), se pierde, envuelta en una resplandeciente luz, al fondo de la escena. Todo ese planteamiento, muy bien servido por todos los elementos integrantes de la producción que aleja a la acción de sus raíces naturales, hace perder idiosincrasia a la narración dramático-musical. Pero el intento, que cabría pulir y mejorar, nos abre nuevas perspectivas. De eso se trata a veces. Y contando con los excelentes y acertados colaboradores escenográficos, figurinistas e iluminadores.
Arturo Reverter
JENUFA EN LA AMÉRICA PROFUNDA
RITMO - 19/09/2026 / Ramón García Calado

Eslavismos de fuste para el LXXIV Festival de Amigos de la Ópera de A Coruña, con Jenůfa de Leos Janáček, drama que el compositor había tomado de Gabriela Preissová, Jeji pastorkyna (Su hijastra), estrenado en el Teatro Nacional de Praga, en 1890, obra que mostraba un crudo realismo que rechazaba cualquier visión idílica de un ruralismo apacible, dramaturga que había servido a otro compositor Josef Bohuslav Foerster, para su ópera Eva, en este caso, sucesos de la vida real idealizados que para esta ópera, se expondrá a partir de un paz de trazos los cuatro personajes fundamentales ubicados en la Moravia rural- un traslado que para el director de escena, Emiliano Suárez, nos trasladaba a la América cercana que descubriríamos en filmes como Brockeback Mountain o The Last Picture Show, con un quinto personaje que se acepta como hilo común, la molinera Buryja- Cristina Faus- marcada por su callada presencia, un primer acto saturado de tensiones propias de los eventos que surgen obsesivamente, repartidos entre Kostelnicka- Eliksa Weisová de imponente presencia escénica-, Jenůfa- Vanessa Goikoetxea- apreciada por su asunción de tan intenso rol-; Steva- Joan Lainez-y Laca- Alejandro Roy- ambos viriles y obsesivos atentos a las demandas de esta forma del verismo que presumía la ópera-, con respuesta de Stárek- Gabriel Alonso- cargando tintes de desmesura,, entre un despliegue de personajes secundarios que se expresaban a través de danzas y cantos folklóricos- el Coro Gaos, en su posicionamiento distanciado-, con una Orquesta Sinfónicade Galicia, en un excelente nivel gracias a la dirección de J. Miguel Pérez Sierra a lo largo de sus tres actos.
Tras un lapsus de tiempo, en el que Jenůfa dio a luz un niño, provocará la actitud de Kostelnicka, quien decida buscarle pareja, topándose con el rechazo de Steva. Una confusa trama será la carnaza que alimente los detalles más escabrosos de los acontecimientos, para trasladarnos al Segundo acto, en el que Kostelnicka tomaría un rol primordial, al lado de otros personajes que ayudaban a subir el grado de tensiones, desde Steva a Laca, y la figura fantasmal del niño que aparecerá muerto, convirtiéndose en el inesperado causante del conflicto, en el tercer acto que transcurre en primavera, Jenůfa y Laca, aceptan vivir en pareja mientras Steva y Karolka (hija del alcalde), disputan su compromiso tras esa aparición del bebé muerto tras fundirse el hielo. Una trama de culpas y reproches, de complejas justificaciones.
Janáček, es producto en lo musical de las investigaciones y recopilaciones folklóricas realizadas por el compositor y su amigo Frantisek Bartos, mayor que él y que algo podremos encontrar en afinidades con Bartók y Zoltán Kodály, en la raíz, ese canto popular (el moravo, en especial), canto cotidiano anotado tomado de la tradición lírica y coral corregida, esos cantos que anotaba como canto-sonido, que tomaba del medio circundante. Las aventuras con Bartos, resultaron una culminación producto de antecedentes aprendidos en su juventud con Pavel Krizkovský, compositor y maestro de coro, quien fue su preceptor en el convento agustino de Brno. Para Janácͮek, todos los misterios melódicos y rítmicos de la música, se podían explicar por los motivos musicales del lenguaje hablado. La importancia del canto coral, constatable en los abundantes pasajes que nos encontraremos en Jenůfa, ayudan a que nos interesemos por la presencia de coros femeninos, pensando en su fuente en un maestro como había sido Jaroslav Vrchiliscký, autor de una obra primordial como Amarus (1897), para soprano, tenor, barítono, coro mixto y orquesta, decisiva en la elaboración de Jenůfa, un compositor y maestro de canto de la tradición checa, con acentos muy líricos.
Janáček no hace concesiones al canto bello sin más, como encontramos vagamente en los veristas hasta el final, con esta ópera se despedirá de un estilo que todavía estaba presente y que sentía como inconcluso, confirmado en el amplio arioso de Jenůfa en el segundo acto. La base es de un nuevo concepto de frase, un nuevo tipo de unidad sonora de gran brevedad, donde hay que hablar más bien de células temáticas que den motivos propiamente dichos. Un compositor que escribe trozo a trozo, que tiene dificultases para pensar de manera consecuente durante más de dos minutos. La investigación sobre el canto moravo, aportaba una perspectiva distinta mientras que la anotación de convenciones, nos descubre la musicalidad latente en cada discurso al traducir en sonidos la charla, el grito, el susurro, la palabra veraz, el verbo engañoso y otros detalles, siempre atento a la prosodia natural del checo, a la que se aproximarían tanto Smetana como Dvorak. Si Smetana había sido el fundador de la escuela, Dvorak, el gran continuador, Janácͮek, de tardía y fulgurante madurez, es el que consigue esa prosodia del idioma aplicado a la ópera, tal cual confirma Martin Bermúdez, rompiendo con el romanticismo tardío de sus antecesores, dando paso a un vuelco considerable en el lenguaje musical de su tiempo.
Estrenará Jenůfa en 1904, en la cincuentena cuando se le acepte como un compositor verista, calificado en lo sustancial por la forma de recitativo cantabile, y que será un preludio de la perfección final lograda con De la casa de los muertos, Katia Kabanobá o El caso Makropoulos, en los que los personajes canten a partir de la prosa, arrancando una canción intensa, doliente y exaltada, procedente del abismo, sin alcanzar la cantinela deliberadamente monótona de Pelléas et Mélisande. Su canto se aparta de las advertencias del francés, considerando que hay intensidades casi a cada momento. Jenůfa, lejos del disfraz tardorromántico con ropas ajadas adoptadas del verismo, pasó curiosamente como ópera verista a consecuencia de su difícil, tratamiento que no afectaría a los personajes, situaciones o la mentada línea vocal, remarcando un abierto intento de darle la vuelta a esa temática nacional. Hay algo desgarrador cuando no trágico, en el hecho de que el músico concentrase la mayor parte de sus fuerzas renovadoras precisamente en la ópera, enfrentándose con ello al público más conservador que pudiésemos imaginar. Una innovación que radicaba en una revalorización jamás vista, la palabra cantada, lo cual quería decir la palabra checa, incomprendida en la mayoría de los teatros de cualquier ámbito. Difícil imaginar mayor cantidad de obstáculos.
Janáček buscará en las palabras un canto escondido, pero esencial, teniendo cada personaje una verdad musical y cada discurso una melodía propia, compuesta por notas de valores muy diversos engarzados en una línea con mayor o menor suntuosidad, un dibujo con más o menos altibajos. Es otra cosa la armonía, ajena a la definición de las líneas y no por ello, menos necesario. Rompe el compositor con la tradición checa desde el momento en el que se enfrenta con esos textos en prosa, que además, contienen localismos y elementos dialectales moravo- eslovacos. La Ů de Jenůfa, por citar un ejemplo, nos lleva a una acentuación en la primera sílaba y el alargamiento del sonido marcado por el signo diacrítico [ ̊], desconocido para nosotros y que dificultó el logro de la prosodia para una ópera en checo. Para los lectores, verán los nombres con uno o más acentos agudos (tal cual los llamamos) cuyo cometido no es tónico, sino de extensión de la sílaba.
Jenůfa- la de dulces acentos, protagonista de la ópera, tiene un cometido de soprano ligera de acentos dulces y que trata de conseguir la felicidad en una familia y una aldea, en una sociedad opresiva, mujer de espíritu apacible sometida a las sevicias de una moral tiránica, para el compositor, un canto juvenil y adolescente para en personaje frágil, que ve como las cosas cambian en el segundo acto, en el dúo con Kostelnica, en un recitativo cantabile más consistente. Un primer acto con un despliegue conciso y abundante de acción, con un segundo entre cuatro protagonistas hasta el tercero que enlazaba con el primero, una tregua antes del dramático final. Doloroso aprendizaje de Jenůfa, entre la primavera en la que perdió su virginidad, conociendo el amor y el momento en el que descubre el cadáver del niño.
Kostelnicka, protagonista en el drama de Gabriela Preissová, muy recortado en esta ópera, es un rol para soprano dramática a la que no vienen mal determinados momentos dulces, líricos, como el del Segundo acto, cuando podemos escucharla cuando suplica a Steva, soprano con graves aunque no solo eso, ya que destaca por su tipo de timbre y una altura con exigencias para esa tesitura, equiparable a las exigencias demandas por el temor y la piedad, que otros cometidos no sabrían dar cabida, roles en la línea de Brünnihlde o Elektra. Personaje de una pieza que en el Segundo acto, revela una horrenda decisión que se despliega en el tercero, cuando descubre el crimen que mucho tiene de liberación personal. Cuida ella de su hijastra mientras la protege.
Laca, hermanastro de Steva, lírico- spinto, el relegado y cargado de resentimiento hacia su hermanastro al que en apariencia todo le sale de perlas, como el amor por Jenůfa, y hasta su agresión contra ella, al final del Primer acto. Cuando la acepte al final de la obra, en un dúo imprescindible, breve y conciso, distante de extensos desarrollos amorosos y marcados por su sobriedad, resulta necesariamente expresivo, dejando en el aire el futuro de la pareja. Una línea vocal de notas picadas al comienzo de la escena que llevará a la agresión- acto primero-, y que poco tiene en común con un fraseo lírico tan habitual en la escuela de tenores líricos en la tradición checa e incluso rusa, desde Dalibor, a Lenski, Vilém Pribyl o Lemieshev. Voces procedentes del belcantismo de raíz italiana.
Steva, afortunado por casualidades de la vida y enamorado de Jenůfa, recibe el beneplácito de los amoríos surgidos en sus vivencias cotidianas, su línea vocal no se distancia de la de Laca, aunque ofreciendo un timbre distinto para su voz de tenor ligero, en defensa de su levedad psicológica capaz de mostrar temores, una voz que bascula entre susurros como cuando se enfrenta a Kostelnicka en su demanda de piedad otorgando razones a los argumentos que le califican como hombre de criterios de corta relevancia. En medio, las voces del coro, sostenidas sobre motivos breves, puro modelo estético del compositor que repetirá en otras de sus óperas, especialmente en los actos primero y tercero, cantos de raíz popular, un primero a varias voces y el otro al unísono y más breve, implicándose con claridad en determinados momentos de la acción- la fiesta con Kostelnika, del primer acto-, o el caos de la escena nupcial, por el hallazgo del cadáver del niño, con la irrupción de voces masculinas enfebrecidas. La tradición popular checa en un sentido tradicional. Buryja (La Abuela), rol para una mezzo de tintes oscuros sin llegar a tener en la obra, una importancia destacada, quedándose como un símbolo de autoridad moral. Para los personajes secundarios, completaríamos cartel con el capataz del molino-barítono- y el Alcalde-bajo-, casi de nula prestancia y su hija Karolka, breve aparición para una mezzo que se decide por una drástica decisión en un pasaje amargo de la tragedia y casi de soslayo, Jano (El pastor), rol travestido para soprano o Rychtaka (mujer del Alcalde), una aparición fugaz. Jenůfa, ópera pues, de ostensibles y claros elementos folklóricos, tanto auténticos como imaginarios, una afirmación nacional-regional, en el que entran en liza lo moravo y lo bohemio, en el propio territorio checo, destacando la importancia de la prosodia musical, en sus dialectos que responden a los de cariz distinto que ofrece Smetana, sabrá con ello, prescindir de temas folklóricos o argumentos lugareños tan determinantes.
Ramón García Balado
Jenůfa en La Coruña
PRO ÓPERA - 22/09/2026 / Daniel Lara

Septiembre 19, 2026. Un gran éxito se apuntó en el inicio de su temporada lírica 74 la Asociación Amigos de la Ópera de La Coruña, al presentar por primera vez en Galicia Jenůfa, de Leoš Janáček, título bisagra en el catálogo operístico del compositor checo, a partir del cual transformaría radicalmente su manera de escribir, desarrollando un nuevo lenguaje musical basado en la observación de la palabra, el ritmo y la entonación, y que profundizaría en sus posteriores obras.
El libreto del propio compositor, inspirado en la pieza teatral Její pastorkyňa de la dramaturga Gabriela Preissová, trata de una historia de infanticidio y redención, atravesada por la culpa, la presión social y la necesidad de perdón. El reparto vocal, de altísima calidad y compuesto casi en su totalidad por cantantes españoles, dio claras muestras de la buena salud de la que goza la lírica española actual.
En su debut en el papel, la soprano Vanessa Goikoetxea se alzó con un merecido triunfo personal como la joven huérfana Jenůfa. Su timbre lírico-spinto, generoso y dúctil, se reveló ideal para el personaje, al que ofreció con una interpretación de canto vibrante y delicado, sensible y refinado, que supo cincelar con una innumerable variedad de acentos y colores, retratando de modo admirable la evolución psicológica de su personaje. Su plegaria a la Virgen, ‘Zdrávas královno’ (‘Dios te salve’), en el Acto II, resultó conmovedora y constituyó uno de los momentos más emotivos de la noche.
En el vértice masculino del triángulo amoroso que impulsa la tragedia, el tenor Alejandro Roy tuvo un desempeño excepcional como el celoso y resentido Laca Klemeň, personaje en el que alardeó de una voz robusta, de timbre oscuro y homogéneo, rica en matices y contrastes y cargada de recursos histriónicos, con la que retrató a un hombre manco y con dificultades motrices, un acertado rasgo introducido por la puesta en escena que acentuó aún más su condición de vulnerabilidad dentro del seno familiar.
No le fue en zaga el otro tenor de la ópera, el talentoso Joan Laínez, quien le sacó chispas a su parte, delineando con unos medios vocales impresionantes, de gran riqueza tímbrica y notable esplendor tanto en la zona central como en los agudos, al joven engreído, borracho y cobarde Števa Buryja, primo de Laca y padre del hijo secreto de Jenůfa. Una interpretación ideal por donde se la mire.
La única intérprete extranjera del reparto fue la soprano dramático checa Eliška Weissová, que dejó una excelente impresión como la rígida y orgullosa viuda Kostelnička, personaje desgarrado por el dolor, la desesperación y el peso de las convenciones sociales. Conocedora de la parte hasta en sus más mínimos detalles, desplegó una voz atractiva, potente y flexible, de amplio registro, sostenida por una sólida técnica y un temperamento dramático de gran intensidad. En la escena fue una intérprete entregada y expresiva que le dio a la noche momentos electrizantes como el monólogo ‘Co chvíla’ (‘A la vuelta de un instante’), donde la desesperación precipita a Kostelnička hacia la decisión de sacrificar al recién nacido, y el terceto final del acto, en el que bendice la unión de Jenůfa y Laca y maldice a Števa. Su estremecedor grito ‘Jako by sem smrt načuhovala!’ (‘¡Como si la muerte se asomara por aquí!’), con el que cerró el acto, tuvo una contundencia teatral difícil de olvidar y provocó que más de uno saltara de su butaca.
En los papeles secundarios destacaron especialmente por su efectividad vocal y compromiso escénico: la mezzosoprano Cristina Faus como la abuela Stařenka Buryjovka, la soprano Ruth González como Jano, la mezzosoprano Belén Vaquero como Karolka y el bajo-barítono Javier Agudo como Stárek.
La agrupación vocal Gaos, dirigida por Fernando Briones, tuvo un desempeño muy destacado, haciendo gala de una excelente preparación y un notable empaste en las intervenciones folklóricas de los reclutas del primer acto y en el coro nupcial del tercero.
En lo musical, la Orquesta Sinfónica de Galicia, al frente del director español José Miguel Pérez-Sierra, fue otra de las grandes triunfadoras de la noche, ofreciendo una inspirada lectura de la partitura de Janáček, de exuberante riqueza tímbrica, precisión rítmica y gran opulencia sonora, aunque esta última, en algunos momentos, no facilitó la labor de los cantantes.
Coproducida con la agrupación lírica Opera Garage, la producción escénica, de marcada concepción cinematográfica, firmada por Emiliano Suárez, tuvo en general numerosos méritos. El director de escena español buscó un equivalente contemporáneo que acercase la trama al espectador y trasladó la acción de la Moravia rural de finales del siglo XIX a una pequeña y empobrecida comunidad de la América profunda de mediados del siglo XX.
La idea, en general, funcionó y no traicionó la esencia central del drama: la presión social y moral que la comunidad ejerce sobre los individuos. Muy bien elaboradas, las marcaciones escénicas dejaron claramente definidos los caracteres de los personajes y las complejas interrelaciones existentes entre ellos. Algo más controvertida resultó, en cambio, la decisión de presentar al coro como una suerte de fuerza del mal, visible únicamente para Kostelnička y Števa, eliminando así al pueblo como representación de la presión social y moral de la comunidad.
Otra licencia del director de escena fue la de modificar el final original. Buscando empoderar a la protagonista y dejar un mensaje de resistencia, superación y resiliencia, Suárez hace que Jenůfa abandone a Laca y emprenda sola una nueva vida, buscando reconstruirse después de la tragedia. Un desenlace que se distancia sustancialmente del planteado por Janáček, donde el perdón y la transfiguración del dolor encuentran su culminación en el amor entre Jenůfa y Laca.
Un buen marco para el desarrollo de la acción ofreció Alfons Flores, responsable de la escenografía, quien situó el primer acto en un espacio abierto, una gasolinera aislada en medio de la carretera como centro de la vida social de la comunidad. En contraste, el segundo acto se desarrolló en el interior oscuro, opresivo y claustrofóbico de una casa de piedra, mientras que el tercero transcurrió nuevamente en un espacio interior, pero esta vez dominado por una gran puerta por la que penetra la luz, introduciendo una poderosa imagen de apertura, como si aquello que permanecía oculto finalmente pudiera salir a la luz.
El desenlace, independientemente de la controversia que pueda suscitar la modificación del final, resultó visualmente muy logrado: Jenůfa se aleja, casi absorbida por la luz, en busca de una nueva vida en solitario. A este resultado contribuyó decisivamente el tratamiento lumínico de Luis Perdiguero, quien a lo largo de toda la ópera creó atmósferas de gran fuerza expresiva, perfectamente integradas en el desarrollo de la acción. Excelente también el trabajo de la diseñadora Ana Garay, cuyo vestuario de inspiración cincuentera recreó con autenticidad el ambiente rural y empobrecido al que remite la propuesta de Suárez.
Una vez caído el telón, hubo grandes ovaciones para todos los intérpretes de parte de un público entusiasta, que celebró la apuesta de la compañía por un título poco habitual en estas latitudes y el auspicioso inicio de la nueva temporada de ópera.
Daniel Lara
Vanessa Goikoetxea conmueve a A Coruña con su 'Jenufa'
La soprano española refulge en la apertura de la temporada coruñesa, al frente de un reparto sobresaliente y muy aplaudido

ÓPERA ACTUAL - 20/09/2026
La temporada lírica de Amigos de la Ópera de A Coruña levantó el telón con un éxito de proporciones. El estreno en Galicia de Jenufa, de Leos Janácek, llegó saludado con ovaciones gracias a una Vanessa Goikoetxea en plenitud en el rol titular, con una Sinfónica de Galicia muy bien comandada por José Miguel Pérez-Sierra y en un bien planteado montaje de Emiliano Suárez. Con esta brillante ópera inaugural, la temporada de despedida de Aquiles Machado al frente del apartado artístico de la temporada coruñesa comienza con un inmejorable sabor de boca pudiendo presumir, además, de haber confeccionado un reparto excepcional en el que la inmensa mayoría de sus integrantes son españoles.
La 74ª Temporada Lírica de A Coruña levantó el telón este pasado jueves con Jenufa, que se representaba por primera vez en Galicia, cosechando un notable éxito de un público que salió del Palacio de la Ópera conmovido no solo por la historia y la música de la obra de Janácek, sino por la creación que la soprano Vanessa Goikoetxea realizó del personaje protagonista, tanto en lo vocal como en lo interpretativo. En su debut del rol, la intérprete consiguió emocionar a un auditorio que le brindó un aplauso cerrado de varios minutos en el estreno, reconociéndole así su capacidad para encarnar al atormentado personaje sobre el que pivota la obra.
Si tras el estreno no podía ocultar la emoción por haber sacado adelante todo un desafío como es el papel de esta mujer que sufre la pérdida y perdona, después de la segunda función se mostraba feliz, muy satisfecha por lo conseguido, tal y como declaraba a ÓPERA ACTUAL. “Es un papel precioso y que me encanta, he disfrutado mucho cantándolo”, confesaba desde camerinos, confiada en que en futuras ocasiones pueda seguir haciendo crecer su Jenufa.
Otros dos nombres que cosecharon un considerable reconocimiento fueron el director musical, José Miguel Pérez-Sierra, maestro principal invitado de las temporadas líricas coruñesas, y la dirección de escena de Emiliano Suárez. Un inspirado Pérez Sierra volvió a demostrar al frente de la Sinfónica de Galicia (OSG) su afinidad y la del conjunto coruñés con el repertorio del siglo XX, como ya hizo la pasada temporada con el recordado Pelléas et Mélisande. La OSG deslumbró rindiendo de un modo excelente, por su profundidad y su capacidad para materializar el color y la melodía de la partitura de Janácek. El Coro GAOS superó la prueba de cantar en checo y convenció también por su implicación escénica. (Ver previa en este enlace).
La propuesta escénica de Suárez traslada la acción a algún lugar de la América profunda, a mediados del pasado siglo, donde una gasolinera en mitad de ningún sitio reemplaza al molino del libreto original. Con una escenografía de Alfons Flores –galardonado en las últimas dos ediciones de los Premios Ópera XXI– de tonos marcadamente ocres y terrosos, y una iluminación preciosista y matizada por parte de Luis Perdiguero, la idea de Suárez –con un sobrio vestuario de la premiada Ana Garay– empodera a Jenufa con una iconografía muy reconocible, elevándola sobre la opresión y los prejuicios de la sociedad rural en la que vive, esa que condena sin piedad a la gélida Kostelnicka tras confesar su crimen.
Además de a Goikoetxea, el público que acudió a las dos funciones de Jenufa reconoció igualmente la entrega del resto de un reparto que brilló a un nivel sobresaliente. A la veteranía de Eliska Wiessová como Kostelnicka, que impresionó por su intensidad dramática y su poderosa voz, se sumaron los tenores españoles Alejandro Roy y Joan Laínez. El primero no solo configuró un Laca de sobrada solvencia en lo vocal, sino que entendió y desarrolló con efectividad la caracterización psicológica del personaje que le pedía la producción a lo largo de toda la función. Joan Laínez gustó mucho con un Steva cantando con holgura de medios y pasión interpretativa; su agudo refulgió con potencia en la amplia sala del Palacio de la Ópera.
La ovación también se extendió para Cristina Faus por su papel de la Abuela, así como para los secundarios Andrea Varela (Tía), Belén Vaquero (Karolka), Gabriel Alonso (Capataz) y Javier Agudo (Alcalde). Con esta brillante ópera inaugural, la temporada de despedida de Aquiles Machado al frente del apartado artístico de la temporada coruñesa comienza con un inmejorable sabor de boca pudiendo presumir, además, de haber confeccionado uno de los mejores repartos de los últimos años, y en el que la inmensa mayoría de sus integrantes son artistas españoles.
ÓA
Jenůfa, la obra maestra de Janáček abre con éxito una de las grandes temporadas líricas de España
Vanessa Goikoetxea encabeza el reparto junto a la Orquesta Sinfónica de Galicia y el Coro Gaos, bajo la dirección de José Miguel Pérez-Sierra y la puesta en escena de Emiliano Suárez.

Antena 3 - Carmen Chao - 19/09/2026
La ópera no es un espectáculo cualquiera. Necesita decenas de profesionales trabajando durante semanas para que todo encaje en apenas unas funciones. Y cuando cae el telón, ese equipo se disuelve. Esa naturaleza efímera forma parte de su grandeza. En A Coruña, esa idea cobra especial sentido con Jenůfa, la obra maestra de Leoš Janáček que acaba de abrir la 74ª Temporada Lírica de la ciudad. A Coruña ocupa además un lugar singular en el mapa lírico español. Amigos de la Ópera es la asociación de ópera más antigua de España y su temporada, con 74 ediciones, se ha consolidado como una cita de referencia para artistas, profesionales y público.
Y Jenůfa es precisamente un buen ejemplo de esa dimensión. Estrenada en Brno en 1904, la ópera de Janáček llega por primera vez a Galicia con una producción propia de Amigos de la Ópera de A Coruña y Ópera Garage. La dirección escénica de Emiliano Suárez cambia por completo el paisaje original: del molino en el que transcurre la historia se pasa a una gasolinera perdida en la América profunda de los años cincuenta.
El espectador se encuentra así con una escena de estética casi cinematográfica, marcada por los códigos de la América rural de la posguerra. Gasolinera, vestuario de época, iluminación y una atmósfera inspirada en el medio oeste estadounidense construyen el escenario en el que se desarrolla un drama que, sin embargo, mantiene intacto su núcleo: los prejuicios sociales, la maternidad, la violencia, la culpa, el perdón y la posibilidad de empezar de nuevo.
En el centro de la historia está Jenůfa, interpretada por la soprano Vanessa Goikoetxea. A su alrededor se despliega una trama de amor, rechazo y sufrimiento en la que las mujeres soportan buena parte del peso de las convenciones de una comunidad que juzga y condiciona sus decisiones.
Sobre el escenario, Goikoetxea comparte reparto con Eliška Weissová, Alejandro Roy y Joan Laínez, además de Cristina Faus y varios intérpretes gallegos. En el foso, José Miguel Pérez-Sierra dirige a la Orquesta Sinfónica de Galicia, mientras el Coro Gaos, bajo la dirección de Fernando Briones, completa una producción que reúne a 200 profesionales.
La dimensión del montaje se percibe también entre bambalinas. Alfons Flores firma la escenografía, Ana Garay el vestuario y Luis Perdiguero la iluminación. Un engranaje de músicos, cantantes, técnicos, maquilladores, responsables de maquinaria, vestuario y producción que durante semanas trabaja para conseguir que, durante unas horas, todo funcione como una única pieza.
Y el primer contacto con el público deja además otra lectura: la ópera busca nuevos espectadores y los encuentra. La propia temporada ha acompañado Jenůfa de actividades divulgativas, como una conferencia previa, la reedición de una novela gráfica inspirada en la obra y otras propuestas destinadas a acercar la lírica a públicos diferentes. Y la organización ha comprobado que el montaje también está atrayendo a los menores de 30 años.
La primera función, celebrada el 17 de septiembre, ha recibido una valoración especialmente positiva en el apartado musical. Jenůfa regresa este sábado 19 de septiembre, a las 19.00 horas, al Palacio de la Ópera de A Coruña. Será la segunda y última representación de una producción que supone el estreno gallego de una obra escrita hace más de 120 años y que, a través de una nueva escenografía, vuelve a poner sobre el escenario cuestiones que siguen estando de actualidad. Tanto como el precio de la gasolina.
Carmen Chao
