
Ópera en tres actos
Música y libreto de Leoš Janáček
basado en Jeji pastorkyna de Gabriela Preissová
Obra maestra del checo Leoš Janáček estrenada el 21 de enero de 1904 en el Teatro de Brno, Jenůfa es un impactante thriller operístico.
Quizás lo más llamativo de esta obra, lo que la hace vigente y contemporánea, es cómo la música está puesta al servicio de cada detalle del escalofriante relato. Su “naturalismo” e intensidad dramática nos permite vivir una experiencia sobrecogedora y cinematográfica.
Estamos frente a un relato contemporáneo, vigente, real y transitable en diferentes escenarios, lugares y perfiles sociológicos. La ópera, escrita en prosa por el propio Janáček, exhibe teatro musical atado a la palabra, a la música esencial, a una condensación dramática evocadora y terrible.
Jenůfa es una auténtica tragedia griega con un final catártico y conformista. Situaremos la trama en la América olvidada, vacía, insatisfecha, encerrada en sí misma. Jenůfa, Kolstelnicka, Laca y Steva, caminaran por el sueño inmóvil y la atmósfera de un lugar en donde los sentimientos se solidifican y los prejuicios matan.
Emiliano Suárez
Director de Escena de Jenůfa
REPARTO










EQUIPO ARTÍSTICO









ARGUMENTO
Acto I
En un recóndito molino de la Moravia rural, la tensión y el peso de las convenciones sociales marcan la vida de sus habitantes. Jenůfa espera con angustia el regreso de los oficiales de reclutamiento: si su amado Števa —el frívolo heredero del molino— es enviado al ejército, ella quedará desamparada y expuesta a la vergüenza pública, pues oculta un embarazo fruto de su relación. Števa regresa exento del servicio militar y llega celebrándolo en pleno estado de embriaguez, lo que desata la ira de la Kostelnička (la Sacristana), madrastra de Jenůfa y guardiana moral de la comunidad. Marcada por su propio pasado de abusos, la Kostelnička impone una condición innegociable: prohíbe la boda hasta que Števa demuestre un año de absoluta sobriedad.
Mientras tanto, Laca, el resentido hermanastro de Števa, observa la escena. Laca ama profundamente a Jenůfa, pero vive carcomido por los celos y el desprecio familiar. Al quedarse a solas con ella, intenta cortejarla; ante el rechazo desesperado de la joven, los celos de Laca estallan y, en un confuso forcejeo, la hiere deliberadamente en la mejilla con un cuchillo, arruinando la belleza que tanto atraía a su rival.
Acto II

Han pasado cinco meses. Para ocultar el nacimiento del niño y salvaguardar el honor de la familia, la Kostelnička mantiene a Jenůfa encerrada en su propia casa, simulando que su hijastra se encuentra en Viena. Tras un parto clandestino, la Sacristana convoca en secreto a Števa para que asuma su responsabilidad paternal. Sin embargo, el joven rechaza con frialdad a Jenůfa, argumentando que la cicatriz de su rostro la ha afeado, y confesando que ya está comprometido con Karolka, la hija del alcalde.
Desesperada, la Kostelnička recurre a Laca, quien acude solícito y arrepentido por su agresión del pasado. Laca reitera su deseo de casarse con Jenůfa, pero titubea al enterarse de la existencia del bebé de Števa. Ante el temor de perder la única oportunidad de salvación para su hijastra, la Kostelnička miente impulsivamente afirmando que el recién nacido ha muerto. Tras enviar a Laca fuera, la Sacristana se enfrenta a una dolorosa encrucijada moral. Dominada por el orgullo, el fanatismo social y un retorcido instinto de protección, aprovecha que Jenůfa está sedada con opio, envuelve al lactante y sale a la gélida noche para ahogarlo en el río helado. Al despertar, Jenůfa constata la ausencia de su hijo; su madrastra, quebrantada por la culpa, le hace creer que el bebé falleció debido a unas fiebres altas mientras ella deliraba. Rota por el dolor, Jenůfa acepta finalmente la propuesta de matrimonio de Laca.
Acto III
Es el día de la boda entre Jenůfa y Laca. La modesta vivienda de la Kostelnička se llena de alegría con la llegada de los invitados, entre los que se encuentran el alcalde, su esposa, y la pareja formada por Števa y Karolka. La Sacristana, consumida por el remordimiento y una salud mental visiblemente deteriorada, intenta bendecir a los novios cuando el festejo es interrumpido por unos gritos que resuenan desde el exterior. Un grupo de lugareños acaba de hallar el cadáver congelado de un bebé bajo el hielo del río en deshielo.
Jenůfa reconoce horrorizada las ropas de su hijo y la multitud, asumiendo su culpabilidad, se abalanza sobre ella con intenciones de lincharla. Laca intercede con violencia para protegerla. En ese instante de máxima tensión, la Kostelnička da un paso al frente y confiesa públicamente el infanticidio, exculpando por completo a la joven y asumiendo su destino ante la justicia. Antes de ser conducida a prisión, la Sacristana implora el perdón de su hijastra. En un conmovedor clímax de madurez espiritual, Jenůfa comprende la trágica motivación de su madrastra y la perdona públicamente. Quedando a solas en la estancia con Laca, Jenůfa le pide que se marche para evitar el estigma social que ahora la perseguirá; sin embargo, Laca reafirma su amor incondicional y decide quedarse a su lado, abriendo la puerta a un horizonte de redención, superación y esperanza mutua.
