Ainhoa Arteta ensaya estos días «Falstaff» en La Coruña, una ciudad a la que dice adorar

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«La empresa más importante de este país es España, y yo no quiero políticos de tres al cuarto»

La soprano ensaya estos días «Falstaff» en La Coruña, una ciudad a la que dice adorar. Bajo su sol atiende a ABC

La soprano vasca posa en el parque del Baluarte, en la Marina de La Coruña

La soprano vasca posa en el parque del Baluarte, en la Marina de La Coruña – FOTOS: IAGO LÓPEZ

Ainhoa Arteta habla para ser escuchada. No hay medias tintas porque ella «no se calla». Ni tampoco se esconde ante ninguna pregunta. Entre ensayos, habla de su vida, de su carrera y de la actualidad.

-¿Cuál es el momento vital de Ainhoa Arteta?

-Profesionalmente, creo que estoy pasando uno de los momentos más álgidos y felices. Vocalmente me encuentro fortísima, nunca me vi tan fuerte, tras tantos años de estudio y preparación. Eso me da una seguridad tremenda. He aprendido con la experiencia a saber decir no a muchas cosas, algo fundamental para salvaguardar la voz. Es un consejo que me dio Alfredo Kraus y ahora con los años lo entiendo. Eran palabras sabias. Voz hay una, pero teatros hay muchos. Quien mejor sabe qué le va a tu voz eres tú.

-Es una profesión de mucha cabeza.

-Sí, y una profesión de largo recorrido, o debería serlo está bien llevada. Kraus, De los Ángeles, Caballé, Plácido… todos cantantes españoles con carreras longevas. Y me centro en los cantantes españoles de ayer, pero también en los del mañana, porque hay que apoyarlos ante la poca consideración que tienen hoy.

-Iba a decirle que viene a La Coruña a comenzar la temporada, pero su verano ha sido todo menos vacaciones: Jerez, Benicassim, San Sebastián, Cap Roig…

-Yo en realidad llevo años sin terminar nunca una temporada. Ojalá pudiera cogerme vacaciones. Tal y como está la situación hoy en día, muy pocos cantantes pueden permitirse esos lujos. Y te digo esto por el 21% del IVA, que es un castigo como una Espada de Damocles que nos tiene a todos bastante pillados económicamente. Los cantantes no podemos permitirnos el lujo de muchos políticos de irse de vacaciones. Y encima sin gobierno.

-Ahora en La Coruña, ensayando su primer «Falstaff» en España.

-Y no el último, espero. Estoy en conversaciones del Real para hacerlo allí también en un futuro. Este «Falstaff» de La Coruña es además con un primer espada en el papel principal como Bryn Terfel, gran amigo mío, que completa un gran reparto español. Y me hace especial ilusión trabajar por primera vez con el maestro Alberto Zedda. Es de lo que quedan contaditos con los dedos de una mano. ¡Cuánta sabiduría contenida!

-¿Por qué todos los cantantes quieren siempre volver a La Coruña?

Adoro esta ciudad y a sus Amigos de la Ópera, que me han visto crecer y les tengo un cariño muy especial. ¿Qué no tiene La Coruña? ¡Lo tiene todo! Su casco histórico, abierta al mar, se come de maravilla y su gente es estupenda. He cantado en todos los espacios de la ciudad, incluso en María Pita, y siempre me he sentido especialmente querida por el público. Voy por la calle y noto ese cariño.

-Fue una de las voces que se alzó cuando se canceló la Temporada Lírica.

«Estoy pasando uno de los momentos más álgidos y felices de mi carrera. Vocalmente nunca me vi tan fuerte»

-Lo que vais a ver en este «Falstaff» es un milagro. Hacer esta ópera representada, con tan poco tiempo y tan pocos medios, y con este repartazo, la gente de La Coruña debería valorar lo que va a pasar en el teatro. No pasa en ninguno otro de España. Me alcé y me alzaré las veces que sea necesario. La Coruña tiene una de las asociaciones de amigos más antiguas de España. ¡Eso no se puede perder! Por aquí han pasado los más grandes del mundo, y eso es una trayectoria musical y cultural enorme que no se puede perder. Que esto no se apoye más es un error gravísimo, pero también en toda España.

-¿Y por qué damos la espalda a la cultura?

-No sabemos apreciar el patrimonio histórico y cultural de nuestro país. Junto con Italia, somos el país con más patrimonio catalogado de Europa, y en los últimos treinta años lo hemos hecho bastante bien recuperándolo y poniéndolo en valor. Tenemos una red de teatros y auditorios inigualable en Europa. Hemos traído músicos con los que hacer un gran trabajo de formación. Sin hacer nada, salvo poner palos en las ruedas en forma de 21% de IVA, estamos en el 4% del PIB. Son 50.000 millones de euros. Quien me diga que la cultura no aporta a la economía está equivocado. Nosotros no vamos a exportar ni gas ni petroleo, pero cultura podemos a raudales. Turismo y cultura deberían ir de la mano, y no lo están viendo.

-Igual es un problema de baja autoestima como país

-Totalmente. No nos lo creemos. Lo decía Otto von Bismarck: «España es el país más fuerte del mundo porque lleva toda la vida autodestruyéndose y no lo consigue». Es tremendo. Somos cainitas, tenemos complejos y no sé de qué, porque deberíamos ir con la cabeza muy alta. Fíjate estas Olimpiadas, con la poca ayuda que se ha dado, y las mujeres han dado el golpe. Este país se hace fuerte con su fuerza de voluntad brutal. Si a eso le sumamos políticos con capacidad, con miras, y con las cosas bien claras… Yo no quiero políticos de tres al cuarto, yo quiero que cobren bien, porque son los que llevan el país. La empresa más importante de este país se llama España, y tiene que estar dirigida por gente bien pagada. Y si lo hicieran bien, verían que con la cultura nos podemos hacer de oro.

-Sin salir de la política, ¿cómo ve al País Vasco ante sus próximas elecciones?

-Lo veo con ganas de incorporarse, de abrirse, de sumar. Siempre habrá sectores que se empequeñecen. Pero en general, han sido tantos años de pelea inútil, que la gente quería respirar y sumar. Porque para restar ya están los de fuera. Hay mucha gente que ha trabajado muy duro, que lo ha pasado muy mal, y ahora por fin tienen una libertad para poder hacer cosas. Todo llevará su tiempo. Yo confío que las nuevas generaciones, que no se han educado en el odio, den ese paso adelante.

-Volviendo a la ópera. Me decía que negocia volver al Real. Le deben una tras aquel «Don Giovanni» que era más una trampa que otra cosa…

-El Real no me debe nada. En todo caso, me deberá algún programador del pasado, pero el teatro no. El Real es el gran teatro de todos. Lo único que he recibido siempre que he cantado es el cariño sincero del público. Me lo han entregado todo. Ese es el Teatro Real para mí, no las personas que puedan dirigirlo en cada momento.

Arteta, frente al puerto deportivo de La Coruña, en el centro de la ciudad

Arteta, frente al puerto deportivo de La Coruña, en el centro de la ciudad- I. L.

-Este país espera su Tosca en un gran teatro

-Y yo también (Risas). Me gustaría, en el Real, en el Liceo o incluso aquí en La Coruña. En enero la hago en Sidney, luego Dusseldorf… Se ha revelado como un gran rol para mí. Y otro que me ha dado una gran sorpresa es la Maddalena del «Andrea Chenier», que lo debutaré en Oviedo. Pero Tosca es un gran caballo de batalla.

-Son personajes de carácter, oiga.

-Es que yo soy una mujer de carácter, yo no me callo.

-Al final, uno encuentra en sus personajes una manera de dar salida a su propia personalidad.

«En España somos cainitas, tenemos complejos y no sé de qué, porque deberíamos ir con la cabeza muy alta»

Violetta, Tosca, Adriana Lecouvreur o Maddalena son heroínas reivindicativas, una con el don de la palabra, otra con la inteligencia intuitiva… Cada una a su manera. No son mujeres que pasen desapercibidas, y por eso me identifico con todas ellas aunque no soy igual a ellas. Algo así me pasa con la Alice de «Falstaff», que es la que corta el bacalao en la historia.

-¿No le tienta la Carmen?

-Es que la voy a hacer. Creo que va a ser en Jerez, porque Villamarta ha sido otro teatro emblemático para mí. No me considero una Carmen, porque no soy mezzo, pero sí puedo hacer mi personaje. Hay dos motivos importantes para hacerla. Esta ópera fue el génesis de mi carrera. Con seis años, mi padre me regaló un vinilo de «Carmen» con Maria Callas. Yo no sabía ni qué era la ópera, pero mi manera de jugar era cantar o actuar la Carmen. En tres o cuatro meses me sabía la ópera. Yo no sabía francés, pero la cantaba y la bailaba. Yo me sentía bien, y eso de alguna manera me llevó a lo que hoy es mi profesión. Ahora estoy en una vocalidad para poder afrontar el papel. Mi padre tiene 82 años y me gustaría hacer la «Carmen» y que pudiera verla. Me emociono de decirlo. Será mi homenaje a él.

-¿No echa en falta más zarzuela, usted que la reivindica tanto?

-Debo decir que estos últimos años me han ofrecido muchísima, pero lamentablemente por agenda fue imposible. Pero quiero hacer zarzuela, me apasiona. Este noviembre, cuando vuelva de Moscú, hago un concierto con José Bros y Ángel Ódena íntegramente de zarzuela. Cuando empecé en esta carrera, grabé un recital con la orquesta de RTVE en el Monumental de arias de zarzuela. Y como han pasado más de diez años, quiero hacer otro con arias que ahora puedo acometer que entonces no podía, y hacer un segundo disco. Son proyectos que están ahí.

-Cuando uno atraviesa una crisis vocal tan difícil, ¿llega a plantearse la retirada?

-Yo sí, no veía salida. Mi profesora de canto me decía que igual había llegado tarde para que mi voz volviera a funcionar. Pero luego surgen estos milagros que te demuestran que el destino no lo escribes tú.

-Me dicen que tiene un ángel de la guarda que se llama Juan Carlos Sancho.

-Sí, enorme. Es más que un ángel de la guarda, es un gran amigo, un mentor, un padre, un hermano. Es mi agente, pero va mucho más allá de eso. Es mi mano derecha, el bastón en el que me apoyo muchas veces. Me ha visto llorar y hemos reído juntos. Con él recorrí toda España, y con él conocí la riqueza que tenemos de país.

-Cuentan que la Macarena no se olvida de Ainhoa Arteta…

Cantar a la Macarena: «No pensaba tener esa experiencia al cantarle el “Ave María”. Lo que viví no puedo contarlo y queda entre ella y yo. Me ha transformado la vida»

-Y yo tampoco de ella. Fue muy fuerte. No pensaba que tendría esa experiencia. He cantado muchísimas «Ave María», y de hecho cuando me lo pidieron acepté. Pero ese momento que viví, delante de ella, no puedo contarlo. Eso me lo quedo yo y se lo queda la Virgen. Desde ese momento me han pasado muchas cosas y se me ha transformado la vida. Qué cosas.

-Para ser macareno no hay que ser creyente.

-Y lo tengo comprobado. Me contaron la anécdota de un señor italiano, que todos los años va a la misma esquina de Sevilla a ver pasar a la Macarena, y que es agnóstico total, pero dice que allí algo pasa, algo místico.

-Como la magia de los teatros.

-Tiene mucho que ver con los sentimientos y con algo que todos tenemos y nunca muere, intrínseco, que se llama alma. Y el amor del alma es el que se le tiene a un hijo. Cuando quieres con el corazón, es un órgano perecedero. Pero el alma nunca muere, sigue ahí.

-En esto de la ópera, ¿hay mucha opinión y poca verdad?

-Es que eso es la vida en general. Opinión tenemos todos. Fíjate la de millones que somos en el mundo y cada uno tiene la suya, pero verdad hay solo una. ¿Quién da con la verdad? No lo sé.

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