Saioa Hernández: «Algo falla en este país con los cantantes españoles»

La soprano madrileña, que ha cosechado éxitos por toda Italia, lamenta el olvido de Real y Liceu

La soprano, en el Teatro Colón

La soprano, en el Teatro Colón – I. López

Ensaya estos días en La Coruña el exigente papel de la Amelia de «Un Ballo in Maschera», la ópera de Verdi que el próximo 1 de septiembre levanta el telón del ciclo lírico herculino. Es la soprano española de moda en Italia, donde la crítica le ha obsequiado no pocos elogios. En su agenda tiene contratos con prestigiosos teatros como el San Carlo de Nápoles, la Semperoper de Dresde o el no menos severo Regio de Parma, donde se vestirá de Tosca. De Saioa Hernández dijo Montserrat Caballé que «va a ser la diva de nuestro siglo». Pero ni el Real ni el Liceu parecen interesados en ella. ¿Qué falla? «A mí no me ha fallado nada», confiesa en conversación con ABC, «es en este país donde falla algo» con los cantantes españoles «y a nosotros se nos escapa».

«Hasta hace poco me lamentaba por no poder ser profeta en mi tierra», admite la soprano madrileña, «pero me tratan muy bien fuera». Tanto que, tan pronto acabe en La Coruña, se embarca con la Ópera de Turín en una gira por Omán para cantar «Aida», una ópera que el Real ofrecerá en marzo con tres repartos y ni un solo intérprete español en los tres papeles principales. «Algunos directores artísticos no se molestan en escuchar a cantantes españoles en otros teatros», desliza.

Irrupción fulgurante

La suya ha sido una irrupción fulgurante en la escena operística. Ganó los concursos Manuel Ausensi (2009) y Jaume Aragall (2010), y al poco tiempo debutaba como Norma en Catania, una oportunidad que le llegó de la mano de Carlos Caballé, el hermanísimo de la diva catalana. Con un repertorio amplísimo –casi tan extenso como su registro vocal–, encontró un nicho de mercado en óperas desterradas de las programaciones habituales, como «Il Pirata» y la «Zaira» de Bellini –en Río de Janeiro y Martina Franca, respectivamente–, o «La Wally» de Catalani, que este año ha cantado por pequeños teatros de Italia con notable éxito de crítica, tanto que la temporada próxima regresará con otro título olvidado, «La Gioconda» de Ponchielli.

«Tienes que conocer tus límites y respetarlos. Si no, estás perdida. Otra cosa es que lo reconozcan delante de los demás»

«Me hace inmensamente feliz cantar estos roles que estaban un poco olvidados», asegura, «igual se me ha contagiado por escuchar tanto a Caballé». Con ella perfeccionó su técnica e interpretación antes de asumir el rol de la sacerdotisa Norma. Junto a otra diva del pasado, la legendaria Renata Scotto, pulió su arte. De ellas dos aprendió «algo que no se enseña en los libros ni en lecciones de solfeo: la actitud para afrontar esta carrera y estar en un teatro». Y otra cosa más, la humildad. ¿Pero una diva es humilde? «Para serlo tienes que conocer tus límites y respetarlos; otra cosa es que lo reconozcan delante de los demás, pero eso va también con lo que la gente quiere que sea la diva».

Saioa Hernández no oculta su devoción por las intérpretes de la cuerda sopranil de otros tiempos. «Hoy tenemos más medios que nunca para escuchar a los cantantes del pasado», esos que representan «la tradición bien entendida», la del respeto a la ópera italiana y las convenciones que la definen. ¿Anna Netrebko o Anita Cerquetti? Hernández no se decanta ni por la diva de nuestro tiempo ni por la gran soprano de los cincuenta. Tampoco cree que los cantantes de ópera deban ser esclavos de la mercadotecnia. «Hay muchos intérpretes que no tienen redes sociales y que llevan años desarrollando una buena carrera sin que se les conozca», asevera. No tiene reparos tampoco en aceptar segundos repartos, porque, «contra lo que se cree en España, no significa que un teatro te minusvalore».

En diez años dice verse «cantando belcanto y mucho Verdi». Sus próximos compromisos la aproximan a papeles de enjundia como Aida, Tosca, la Maddalena de «Andrea Chenier» o la Abigaille del «Nabucco». Pero su sueño es vestirse de reina donizettiana, de Anna Bolena o de Elisabetta aunque «no de Maria Stuarda, porque Caballé me dijo que me quedaría un poco ligero». También dijo que sería «la diva de nuestro siglo». Pero, por ahora, ni a Real ni a Liceu parecen interesarle.

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