Aquellas pequeñas (grandes) cosas (mundoclasico.com)

Aquellas pequeñas (grandes) cosas
Hugo Alvarez Domínguez

A Coruña, 18/09/2014. Auditorio del Centro Sociocultural AFundación. Concierto: “Entre Dos Orillas, Canciones de Italia y Latinoamérica”. Canciones de Francesco Paolo Tosti, Carlos Guastavino, Carlos López Buchardo, Augusto Brandt, Alfonso Esparza Otero y Juan Quintero. Francisco Corujo, tenor. Ángel Cabrera, piano. Temporada Lírica de A Coruña. Ciclo ‘Otras Voces, Otros Ámbitos’.

Ya he hecho hincapié en reseñas anteriores en la gran pluralidad estilística que ofrece la nueva Temporada Lírica de A Coruña, y el ciclo ‘Otras Voces, Otros Ámbitos’ -en el que, junto a Francisco Corujo, se irán dando cita en una serie de conciertos de pequeño formato artistas como Carmen Romeu o el inclasificable Pino de Vittorio-, que arrancaba con esta cita, es otra buena prueba de ello.

Sirvió el presente concierto como vehículo de presentación del cd que el tenor canario Francisco Corujo -otro viejo conocido de las temporadas de la ciudad- y el pianista Ángel Cabrera han grabado recientemente, dedicado a ese repertorio de concierto tan fundamental para la cuerda de tenor como son las napolitanas de Francesco Paolo Tosti, de reciente publicación en el sello PlayClassics (2014) . Así, la primera parte del mismo estaba íntegramente dedicada al compositor italiano; mientras que la segunda la vertebraban una serie de canciones de concierto latinoamericanas –transitando entre lo culto y lo popular-, más Morucha, de Juan Quintero, como único guiño al repertorio español.

Lo primero que conviene resaltar es la diversidad estilística que separa ambas partes del concierto, incluso a pesar de tratarse de dos géneros relativamente semejantes aún salvando las distancias. Si bien puede parecer que a primera vista estamos ante canciones sencillas, nada hay más lejos de la realidad: porque en ambos casos son canciones que todos los grandes tenores han cantado, y porque los intérpretes deben saber encontrar el equilibrio entre lo culto y lo popular que hay en todas ellas a la hora de interpretarlas. En las napolitanas de Tosti, las versiones de Corujo y Cabrera huyen de sentimentalismos fáciles, y abordan el repertorio desde una óptica más próxima al mundo de la “canción de concierto” que al de la canción popular, procurando subrayar ante todo cuanta indicación se encuentra en la partitura. Es así como este repertorio las cosas que a primera vista podrían parecer pequeñas se hacen grandes. Es el enfoque más difícil, pero también el más valiente.

La voz de lírico-ligero de Corujo se amolda como un guante a este repertorio y a este enfoque, por la calidez del timbre, la variedad y honestidad del fraseo, la comodidad del legato y el cuidado a la hora de administrar los matices dinámicos -en este sentido, su versión de L’Ultima Canzone, por ejemplo, es mucho más precisa y escolástica que arrebatada-. El intérprete tiene además la inteligencia como para lograr que ciertas tiranteces puntuales derivadas de un resfriado puedan incorporarse al discurso canoro más como una cualidad de sinceridad en el fraseo que como un defecto. Tan solo podría ser reprochable la posición de algunos agudos puntuales, pero eso no empaña en absoluto lo que es en líneas generales un hermoso acercamiento a este repertorio.

En la segunda parte, los intérpretes siguieron huyendo de cualquier efectismo gratuito a la hora de interpretar, manteniendo ese enfoque netamente concertístico, lo que permitió apreciar la parte más técnica de estas canciones -en Ya me voy a retirar, por ejemplo, la expresión nunca perjudica la belleza del sonido ni la nitidez de la emisión-. De todo este bloque, solo podría ser discutible el tempo –para mí excesivamente rápido, pero seguro que es una decisión consensuada y meditada de los intérpretes…- con que se acomete la Milonga de dos hermanos, básicamente porque perjudica el seguimiento del texto en una canción fundamentalmente narrativa.

Puede que sea en el último bloque -el que comprendía tres canciones de carácter más decididamente popular- cuando Corujo se suelta definitivamente la melena, y permite alguna concesión de cara a la galería en su canto; siendo el efecto instantáneo en un público al que ya se había metido en el bolsillo previamente por la belleza de su canto. Pero en este tramo final, a lo popularísimo del repertorio se sumaron la seguridad y la plenitud de medios con que Corujo interpretó las canciones, causando el delirio del respetable. Correspondieron los intérpretes con dos propinas: una valiente versión del celebérrimo ¡No puede ser! de La Tabernera del Puerto y la archiconocida napolitana Core ‘ngrato, en una lectura sentida en la que Corujo volvía a mostrar sus señas de identidad a la hora de acercarse a este repertorio.

Ángel Cabrera supo acompañar con la delicadeza y la precisión -pero también con esa incisividad tan fundamental a la hora de abordar el repertorio latinoamericano- que este enfoque intimista pide, siempre al servicio del cantante y en perfecta simbiosis con él. Su trabajo al piano fue sin duda la guinda del pastel, para un concierto que acabó siendo un éxito de público; y que encontró en el pequeño Auditorio de AFundación -unas 300 localidades- el espacio perfecto para resaltar la intimidad que toda la propuesta requería. Un hermoso concierto.

Fuente: http://www.mundoclasico.com/ed/documentos/doc-ver.aspx?id=98bec396-bec0-4e91-aeae-87777463f5fb

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