Bryn terfel debuta hoy en la temporada lírica

 

«La música marca el latido en el corazón de cualquier país»

El cantante debuta en Galicia con un recital que incluye a Mozart y Wagner

xesús fraga, 24 de abril de 2015.

 

Al galés Bryn Terfel (Pant Glas, 1965) su voz le permite tanto encarnar al Wotan wagneriano como cantar Roxanne, una octava más baja y al estilo Moulin Rouge, en la fiesta de cumpleaños de Sting. Prueba de su versatilidad es el éxito que acaba de cosechar en Londres en el musical Sweeney Todd. Con un variado programa con paradas en Mozart (Don Giovanni), Verdi (Falstaff), Gounod (Fausto) y Wagner (Lohengrin y La valkiria, entre otras) debuta hoy en Galicia (Palacio de la Ópera de A Coruña, 20.30 horas) acompañado de una OSG dirigida por Gareth Jones, dentro de la Temporada Lírica de Amigos de la Ópera y el Consorcio para la Promoción de la Música.

-¿Se siente cómodo en esa diversidad de registros estilísticos?

-El papel de Sweeney es muy operístico, así que encajo muy bien en él. Se agotaron las entradas las catorce noches, lo cual fue increíble. Pude llevar a mi familia, a mis hijos, que también es un bonus. Me siento muy cómodo en distintos estilos de música, y nunca me ha impedido actuar con Plácido Domingo, Tom Jones o Shirley Bassey. Creo que la forma en que se desarrolla tu carrera muchas veces se escapa a tu control, pero las decisiones que tomas son muy importantes. Sé dónde buscarme el pan: ópera y conciertos clásicos.

-El programa de hoy es casi un recorrido por su carrera. ¿Qué relación mantiene con esos roles?

-Siempre pienso en esas estrellas de rock, como los Beatles, por ejemplo, que se levantaban por la mañana y dirían: «Oh, hoy tengo que cantar Yesterday otra vez». En este caso quizá haya cierto parecido con emprender un viaje en el tiempo. Estas veladas son bastante difíciles, porque estás solo con la orquesta, el director y el público. Pero puedes hacer una muestra de lo que ha pasado en tu carrera. Mi repertorio es bastante amplio, así que puedo cantar una segunda parte repleta de arias de Wagner: esta es ahora mi vida. Me llevó tiempo alcanzar el objetivo de poder cantar estos papeles de Wagner, pero el viaje ha sido cuidadosamente planificado, desde Mozart a algo de Strauss, Donizetti, y ahora, finalmente, estoy aquí, a mis casi 50 años.

-En Gales hay una gran tradición musical, especialmente coral. ¿Cómo se pasa de ese ámbito a la lírica de primer nivel?

-Con trabajo duro y dedicación. Hay también hay un elemento de suerte y, lógicamente, de talento. Pero fue duro, viniendo de la comunidad agrícola de la que provengo, el dejar mi casa para ir a Londres. Fue muy difícil. Es lo primero que tienes que hacer, un esfuerzo consciente del trabajar duro. En la escuela Guildhall School of Music trabajé duro cinco años. Debía hacerlo porque no tenía formación clásica, era el hijo de un granjero que tenía ovejas y vacas. Poco a poco me interesé en lo que podía llegar a ser, porque incluso cinco años de estudio de la voz no aseguraban un trabajo. También tienes que escuchar cuando los directores te dicen algo, tienes que reaccionar, espontáneamente, no olvidar lo que te dicen. Es como un malabar: si dejas caer la bola, en parte es culpa tuya. Así que trabaja duro el estilo, la interpretación, sé un buen compañero. Esas cualidades las tenía interiorizadas gracias mis padres y por proceder del norte de Gales, que está grabado en mi personalidad.

-En su debut en 1994 en la última noche de los Proms se vistió una camiseta de la selección de rugbi de Gales, cuya cultura defiende y promueve. ¿Cómo encajó su identidad en esa velada de exaltación de patriotismo británico?

-Sobre el escenario interpreto tanto a dioses como demonios. La última noche de los Proms es un icono especialmente importante para la música clásica, y que me hayan invitado al festival es un gran honor, pero sobre todo poder cantar dos veces en la última noche, que, como dice, es la quinta esencia de lo británico. Pero puedes poner tu sello, como hice yo con la camiseta de la selección galesa y los pantalones del Manchester United, aunque tengo que recordar que vengo de las islas Británicas, mi pasaporte es británico. Pero claro, cuando en el rugbi Gales, Escocia o Irlanda juegan contra Inglaterra, ellos son los adversarios, fueron nuestros enemigos. No me sentí así en el escenario del Albert Hall, sino más bien pensaba en lo orgulloso que me sentía por haber sido invitado.

-El galés tiene la palabra «hiraeth», similar a la gallega morriña. ¿Le influye cuando canta?

-No sé si morriña es exactamente lo mismo que hiraeth, porque no tiene un equivalente exacto. Es una palabra en la que puedes proyectar muchos sentimientos. Es la relación con un país: soy galés, nací allí y hablo el idioma. Tengo cualidades que recuerdan al país, en el sentido de que la música es muy importante en mi vida. Cuando dicen «el barítono galés Bryn Terfel» primero escriben Gales y mi categoría vocal antes que mi nombre. Su cultura está impregnada del amor por la música, el arte y la poesía.

-El festival que organizaba en Faenol se suspendió por dificultades económicas. ¿Le preocupa cómo ha afectado la crisis a la música y su enseñanza?

-Las Óperas Nacionales de Inglaterra y Gales han sufrido recortes, algo que no ayuda a su desarrollo. La música es muy importante, marca el latido en el corazón de cualquier nación. ¿Qué hacemos? Por supuesto, podemos preocuparnos, pero quizá también deberíamos hablar con las personas apropiadas en el Gobierno, y que la gente adecuada ocupe los puestos adecuados. En Inglaterra un ministro puede ocuparse de música, ciencia y tráfico, todo en uno. Quizá deberíamos elegir personas que estén orientadas culturalmente a tomar decisiones, lo que beneficiaría sin duda lo que ya tenemos.

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