250 años de ópera en A Coruña

250 años de ópera en A Coruña

Se cumplen dos siglos y medio de la creación del primer teatro lírico, el que construyó el italiano Nicola Setaro

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PACO RODRÍGUEZ
César Wonenburger

Hace 250 años, A Coruña contaba ya con un teatro de ópera. Desde 1768, el público de la ciudad pudo disfrutar de las primeras representaciones líricas sin distinciones de clase. Hasta la Ilustración, la sociedad había convivido en espacios como iglesias o plazas públicas, pero con la edificación del primer teatro lírico los coruñeses de cualquier condición, comprando una entrada, pudieron disfrutar de un lugar en el que mostrar abiertamente sus relaciones.

Y todo gracias al empeño de un auténtico aventurero, mitad artista mitad empresario, un visionario que, partiendo de una pequeña localidad italiana, Somma (Nápoles), se propuso como objetivo llevar la ópera italiana por el mundo.

Antes de llegar a A Coruña, Nicola Setaro ya había probado fortuna primero como cantante, actuando en distintas ciudades de Italia y Austria, de Pésaro o Venecia hasta Viena. Pero fue en 1750, después de instalarse en Barcelona para ofrecer distintas actuaciones al frente de su propia compañía de canto, cuando se decidió a emprender, convirtiéndose incluso en promotor en la construcción de teatros en los que ofrecía su repertorio. En 1762, ya era el principal empresario del Teatro do Corpo da Garda, en Oporto, y de ahí, en compañía de su familia, daría luego el salto a Santiago, A Coruña y Ferrol.

En diciembre de 1768, Setaro inauguró su primer teatro coruñés, cerca de lo que hoy es el edificio municipal, y aunque existen escasas referencias sobre los títulos aquí representados, parece que uno de los principales fue la deliciosa Il maestro de capella, de Tomasso Traetta. «A partir de ese momento y hasta hoy, A Coruña ha tenido una actividad teatral ininterrumpida tanto de teatro musical como de comedia. Probablemente sea Setaro el responsable de la mayor cantidad de menciones a nuestra ciudad en la bibliografía internacional de referencia sobre historia cultural y relaciones culturales», sostiene el musicólogo Xoán Manuel Carreira acerca de su relevancia.

Su primer teatro fue demolido después de los carnavales de 1769 por orden municipal, pero más tarde estuvo al frente del Teatro de la Franja, donde ofreció nuevos títulos hasta 1772, y en el cual llegaría a estrenarse en 1798 el Don Giovanni, de Mozart, bajo el impulso de nuevos empresarios.

La suerte de Setaro, que en 1769 también fue responsable de la construcción del primer teatro de ópera en Ferrol, empeoró al trasladarse a Bilbao, donde puso en marcha distintas representaciones. En esa ciudad, fue acusado en falso de sodomía y condenado a muerte. Su recurso prosperaría, pero la Justicia para él llegó demasiado tarde: en 1774 murió en la cárcel desposeído de todos sus bienes.

¿La razón? Carreira apunta a que el emprendedor fue «la víctima propiciatoria de una conspiración integrista contra la élite ilustrada», una reacción de los sectores más inmovilistas de la sociedad. Aunque también hay quien señala los intereses de las compañías de comedia españolas, que veían en Setaro a un serio competidor, como auténticos instigadores en la sombra de su desgracia.

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