Amigos de la Ópera: 65 años de sueños líricos

Amigos de la Ópera cumple años a punto de empezar un nuevo ciclo, la prueba de que ilusión y compromiso sustituyen la cortedad de recursos

Instante de «La Traviata», ópera representada en el festival de ópera del año 2014

                                                             Instante de «La Traviata», ópera representada en el festival de ópera del año 2014 – CEDIDA

En el primero de los festivales, a comienzos de agosto de 1953, una misma compañía cantaba un día una ópera y otra distinta dos días más tarde. Una única función. En una gira, una soprano podía ser la Leonora de «Il Trovatore» y la Tosca del título homónimo, y si la cosa apretaba, una Violeta para «La Traviata». Había menos glamour pero más arte. En aquella puesta de largo, el nombre propio era el del barítono Anselmo Colzani, que venía de triunfar en La Scala como el Alfio de la «Cavalleria Rusticana». Giulio Fioravanti o Luisa Malagrida, respetables —y olvidados— cantantes italianos, jalonaban los repartos de los cuatro títulos ofertados.

Al año siguiente se escucharon las voces de la soprano local María Luisa Nache y del barítono catalán Manuel Ausensi. En 1955, debutó un treintañero Carlo Bergonzi, mucho antes de convertirse en el intérprete verdiano por excelencia del pasado siglo. Cuando los organizadores del festival se dieron cuenta, la iniciativa no solo estaba consolidada en la ciudad, sino que era un éxito de crítica y público. «Y tenían un mérito enorme, porque contaban con menos recursos incluso de los que nosotros tenemos ahora», reconoce Natalia Lamas, la presidenta de Amigos de la Ópera desde 2003. Ella todavía recuerda «el repiqueteo de los cambios de decorado en el viejo Colón, cuando clavaban las puntillas, tenía su encanto» en aquellas temporadas casi artesanales de los años setenta, cuando empezó a asistir.

Charla en el Sporting Club

Todo había partido de una charla alrededor de un café en una mesa del Sporting Club, donde cuatro aficionados, con Cristino Álvarez a la cabeza, decidieron que la ciudad merecía una programación operística estable, que materializara el interés existente por el género. Se tiene conocimiento de que las primeras representaciones de teatro lírico se llevaron a cabo en la ciudad a finales del s. XVIII. Emilia Pardo Bazán recogió en su relato «Ópera en Marineda» la afición lírica herculina.

El Rosalía se construyó a mediados del siglo siguiente y acaparó la actividad lírica. Sobre sus tablas, en 1947, Giuseppe di Stefano —el mítico partenaire operístico de Maria Callas— le declaraba su amor a Victoria de los Ángeles en la «Manon» de Massenet. La tradición tenía arraigo en la ciudad y precisaba de estabilidad.

En 1952 se funda Amigos, y doce meses después levantan el telón. Hoy, esa misma ilusión sigue viva. A punto de iniciarse este lunes los ensayos de una nueva entrega del festival, la asociación cumplió en mayo 65 años de vida, y lo celebra con un milagro en forma de programación: dos óperas, varios recitales y una gala en memoria de Alberto Zedda. Ni la falta de apoyo de los poderes públicos detiene el empuje de este grupo de aficionados, encabezados por Lamas y con César Wonenburger a los mandos artísticos.

La Coruña ha logrado la cuadratura del círculo en los últimos años: ópera de calidad con presupuestos ajustadísimos, grandes nombres fidelizados sobre la base del cariño y la confianza con los artistas, títulos atrevidos del gran repertorio, entradas asequibles para todos los bolsillos. Hoy, muchos se sorprenden cuando intérpretes como Angela Meade, Celso Albelo, Gregory Kunde, Ainhoa Arteta, Leo Nucci o Juan Jesús Rodríguez —todos ellos cantantes que han debutado en el Metropolitan de Nueva York— se convierten en habituales de los cartelones de Amigos. En los cincuenta ya fue así, con Alfredo Kraus, Gianna d’Angelo, Bergonzi o Piero Cappuccilli como intérpretes habituales. Montserrat Caballé siempre recuerda cómo conoció en 1963 a su marido, el tenor Bernabé Martí, interpretando «Madama Butterfly» en el Colón, teatro construido a mediados del s. XX para ampliar el reducido aforo del Rosalía.

Repartos de ensueño

Es difícil no encontrar en estos 65 años de historia de Amigos una temporada llena de grandes intérpretes, esos que cantaban en La Coruña al tiempo que lo hacían en el Liceu o la Scala. La lista es interminable. Se encuentran creaciones como la Lady Macbeth de la soprano de Ribadavia Angeles Gulín —a la que su hija, Ángeles Blancas, homenajea en el ciclo de este 2017—, el portentoso Otello de Pedro Lavirgen o el poeta Rodolfo de un jovencísimo José Carreras. Pero en esos sesenta y setenta también se escuchó a Veriano Luchetti, Renato Capecchi, Silvano Carroli o Giuseppe Taddei. No son artistas al azar, son algunos de los más relevantes intérpretes de ópera de aquellos años. La fórmula tiene su razón: estas compañías partían desde La Coruña en dirección a las temporadas de los teatros americanos, desde Nueva York a Buenos Aires, pasando por México o Sao Paulo. Y antes de embarcar, hacían caja con varias funciones en Galicia.

«Hay que visualizar que, durante décadas, no había más actividad musical que la organizada por Amigos de la Ópera y la Sociedad Filarmónica», subraya Wonenburger. Faltaban años todavía para que se creara la Orquesta Sinfónica de Galicia, actual motor de la música clásica en la ciudad. Por eso algunos aficionados lamentan que este hecho no se tenga en cuenta y se orille en demasía desde el Consorcio para la Promoción de la Música la programación lírica, reducida en estos momentos a una mínima expresión. «Si no llega a ser por aquellos pioneros de Amigos, no estaríamos hoy donde estamos a nivel musical en la ciudad», insiste el responsable artístico.

Los ochenta y los noventa no fueron los mejores años posibles. Los repartos se poblaron de artistas ignotos, algunas compañías del este, elencos españoles con más voluntad que talento, y la fama de La Coruña languideció. Incluso en esta época más gris, hubo luces como los debuts en la ciudad de Carlos Álvarez, Mariella Devia, Ghena Dimitrova, Denia Mazzola, María José Moreno o Ángeles Blancas.

El relanzamiento

En 2003, de la mano de Natalia Lamas aterrizó César Wonenburger para dirigir la parcela artística —ella lo conoció en 1997 cuando él fue a entrevistarla para un periódico en su calidad de directora del Conservatorio—, y la tendencia se revertió por completo. Fue un lento y paulatino resurgir, asentado sobre la filosofía de apostar por algo diferente pero sin salirse de aquello que Luis Iglesias de Souza —el responsable de programación durante los primeros 25 años de Amigos— ya aplicaba: artistas jóvenes con gran proyección —para lo que se requiere criterio en la selección— y el toque sabio de veteranos de largo recorrido. «La mezcla genera una energía muy especial», destaca Wonenburger, «produce una mezcla de madurez y juventud que encaja a la perfección».

La suma sigue arrojando un saldo positivo a La Coruña, por más que los poderes públicos se empeñen en que acabe en números rojos. «Creo que hemos conseguido un sello de calidad, una marca Coruña a nivel nacional y europeo que lleva a que los cantantes quieran venir a cantar a esta ciudad», asegura orgulloso, «y sin embargo, nunca se hizo menos ópera que ahora, a pesar de que pensamos que sería todo lo contrario cuando se nos anunció la fusión del Festival Mozart con nuestro ciclo». Son las paradojas de la vida. Contra ellas —y contra los políticos— poco cabe hacer. «Lo más relevante de estos 65 años es haber llegado hasta aquí y poder seguir». Wonenburger solo tiene un deseo: «poder continuar muchos años más».

Fuente: http://www.abc.es/espana/galicia/abci-amigos-opera-65-anos-suenos-liricos-201708140950_noticia.html

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