Carlos Saura, el genio discreto

 

Afundación y CGAI dedican sendos ciclos al cine del realizador aragonés con motivo de su viaje a Galicia para dirigir la escena del montaje de ópera de «Don Giovanni»

Carlos Saura, retratado como fotógrafo, en otro de sus ámbitos artísticos preferidos
Carlos Saura, retratado como fotógrafo, en otro de sus ámbitos artísticos preferidos EUROPA PRESS

Redacción / La Voz

Anda estos días Carlos Saura por Galicia. Está embarcado en el montaje del Don Giovanni de Mozart, un proyecto impulsado por la Programación Lírica de Amigos de la Ópera de A Coruña y en el que ejerce como director musical Miguel Ángel Martínez. El cineasta aragonés ha asumido la dirección escénica de una ópera cuyo estreno está previsto para los días 13 y 15 de septiembre en el Teatro Colón. Aprovechando su presencia, Afundación y el Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI) han preparado sendos ciclos de cine que tratan de poner en valor una vasta y rica obra no siempre bien comprendida y hasta vilipendiada. Dijo en su día un ilustre crítico, cuando se estrenó El Dorado (1988), que la superproducción de Saura desaprovechaba la magia de las selvas de Costa Rica donde fue rodada y que el largometraje más parecía realizado en un gran decorado de cartón piedra. Y remataba evocando cómo el director estadounidense Raoul Walsh había logrado plasmar una angustiosa y opresiva jungla birmana y filmado una obra maestra del género bélico pese a haber dispuesto únicamente de un modesto jardín botánico para erigir su Objetivo: Birmania (1945). Más allá del acierto (o no) del esfuerzo de rodar El Dorado en el trópico, es evidente que a Saura, más que el puro espectáculo de la epopeya de Lope de Aguirre, lo que le interesaba es cómo las tensiones y la desconfianza iban destruyendo el grupo humano que conformaban aquellos aventureros.

Y es que Carlos Saura (Huesca, 1932), pese a quien le pese, siempre ha hecho el cine que ha querido hacer y como ha querido hacer. Fue así desde el inicio, cuando tuvo que sortear la presión de la censura y apostó por una mirada realista sobre lo que ocurría a su alrededor con títulos como Los golfos (1959) y La caza (1965), una cinta con la que triunfó internacionalmente y que supone una de sus cimas más destacadas. Quizá haya que citar aquí al mítico productor guipuzcoano Elías Querejeta, pilar fundamental en la carrera del realizador.

De la sociedad franquista siguió hablando en los años sesenta y setenta, aun con sus giros psicológicos y sus guiños al cine de su admirado Ingmar Bergman. Filmes como Peppermint frappé (1967), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1972), La prima Angélica (1973), Cría cuervos (1975) y Elisa, vida mía (1976) han pasado por una travesía del desierto -si no el olvido, que se compensaba con el respeto que siempre inspiró allende los Pirineos- que parece hoy superada. Hay actualmente una nueva generación de directoras en España -Nely Reguera, Mar Coll, Meritxell Colell, Arantxa Echevarría, Carla Simón…- que parecen volver sobre la mirada del maño, que encaja además con una sensibilidad rabiosamente moderna.

Filme de Carlos Saura «Cría cuervos» (1975)
Filme de Carlos Saura «Cría cuervos» (1975)

Antes de entrar de lleno en el género documental musical -y aunque no todo son aciertos, por supuesto, en una trayectoria tan larga-, firmó tres títulos tan notables como diferentes a finales de la década de los 80: el épico El Dorado (1988), el drama intimista sobre San Juan de la Cruz La noche oscura (1989) y la comedia dramática ¡Ay, Carmela! (1990).

La trilogía: Gades y Hoyos

Con la adaptación lorquiana de Bodas de sangre (1981) inició ?de la mano de Antonio Gades y Cristina Hoyos? su pasión por el musical, que conformó una trilogía con Carmen (1983) y El amor brujo (1986). La ya escasa ficción dejó paso al desnudo documental ?heterodoxo, eso sí? en un campo que en los últimos tiempos le ha ocupado de manera mayoritaria, desde que en 1991 firmó Sevillanas. Le siguieron Flamenco, Tango, Salomé, Fados, Flamenco, flamenco, Zonda. Folclore argentino, Jota o el mismo Io, Don Giovanni, hito mozartiano sobre el que ahora vuelve en A Coruña.

Fotograma del filme de Carlos Saura «Fados» (2007)
Fotograma del filme de Carlos Saura «Fados» (2007)

Tal y como Lorenzo da Ponte recuerda en Io, Don Giovanni a Casanova: «Un instante de vida terrenal vale más que toda la eternidad», Saura parece haber adoptado esta filosofía. Y sigue trabajando con la misma independencia y un criterio exquisitamente personal -solo tras los furibundos ataques a Cría cuervos pensó en abandonar-. Ese mimo por las cosas bien hechas, su pasión y su genio discretos y su vocación innovadora hizo por ejemplo que un hombre tan cotizado como Vittorio Storaro colaborara con él (Flamenco, Taxi, Tango, Goya en Burdeos, Io, Don Giovanni y Flamenco, flamenco) fijando unos honorarios muy asequibles, cuando cineastas como Bernardo Bertolucci y Francis Ford Coppola hubieron de renunciar a los caros servicios del director de fotografía romano.

Fotograma del filme de Saura «La caza» (1965)
Fotograma del filme de Saura «La caza» (1965)

Este lunes 19 de agosto (con Carmen, a las 19 horas) comienza un ciclo sobre su cine musical en Afundación, que proseguirá cada lunes: Tango (26 de agosto), Bodas de sangre (2 de septiembre), Io, Don Giovanni (9) y Fados (16). En cuanto al programa del CGAI, se proyectarán Llanto por un bandido (copia completa sin los cortes de censura, recuperada el año pasado; será el 10 septiembre a las 20.30 horas), La caza (día 11, a las 18 horas), El Dorado (11, a las 20.30), Cría cuervos (12, a las 18), ¡Ay, Carmela! (12, 20.30), Deprisa, deprisa (13, a las 18) y Goya en Burdeos (día 14, 20.30).

FUENTE: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2019/08/19/carlos-saura-genio-discreto/0003_201908G19P26991.htm

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