Elogios para la “Flauta”

Crítica

_MAF26001Julio Andrade Malde

Qué magia tiene la obra de Mozart que llena una y otra vez el Palacio de la Ópera? En dos funciones hubo sendos llenos; casi 3.500 espectadores. Tantos como la primera vez que se hizo esta misma producción en el 2001. La segunda vez que se dio, en 2003, fueron tres sesiones; unas 5.000 personas. Cifra asombrosa para una ciudad de 250.000 habitantes (si se quiere, 400.000, incluyendo el hinterland). Si se guarda la debida proporción, ¿cuántas funciones tendrían que hacerse en París, Londres, Berlín, Madrid? Esta Flauta parece poseer un poder para congregar oyentes como el que tenía el Flautista de Hamelín para reunir niños. Se han realizado más representaciones de la obra a lo largo de estos años: una en 2004, versión abreviada, de carácter didáctico, con la misma producción; otra en 2007, con diferente dirección escénica y resultado más bien discreto. En la actual, se mantienen la belleza, la magia, el simbolismo, el encanto y la inteligencia. La Orquesta, muy bien dirigida por Pons, fue aclamada al final, con toda justicia. A la cabeza de los violonchelos, pudo observarse la satisfactoria presencia de David Ethève, ausente durante un tiempo de la Sinfónica, por enfermedad ya superada. Excelente el Coro de la OSG; una cuidadosa preparación de Joan Company lo condujo a un éxito clamoroso. Entre los cantantes, triunfó Corujo, con una preciosa lectura de su difícil parte. Estuvo muy bien Helena Orcoyen, que sustituía a Mª José Moreno (la Reina de la Noche, en 2001); y Quiza, con sus innegables -¿un poco excesivas?- dotes escénicas que le ganan el favor del público. Bien, David Sánchez, aunque muy escaso de registro grave. Y discreta Mariola Cantarero, muy lejos de aquella Lucia que cantó aquí mismo con gran éxito en 2004. Excelente, Zapata, en un papel muy por debajo de sus facultades. Y muy notable Patricia Rodríguez Rico, una Papagena de preciosa voz. El resto de cantantes, gallegos en su mayor parte, a muy buen nivel.

 

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