Más elogios para “Ermione”

Ermione, con Zedda, en La Coruña

Por · 10 junio 2015

 

Ermione, con Zedda, en La Coruña

Angela Meade

El pasado día 6 de junio pudimos disfrutar, en el palacio de la ópera y dentro de la temporada lírica de A Coruña, la versión en concierto de este título rossiniano. Rossini puso música al libreto de Andrea Leone Tottola que nos cuenta las desventuras de la familia real troyana quiénes, tras la derrota de su polis, han sido esclavizados en Epiro. El rey Pirro, dejando a su prometida Ermione, se enamora de la cautiva Andrómaca (viuda de Héctor). A su vez Orestes, enamorado de Ermione, es inducido por la despechada protagonista quién, producto de la locura y lo celos, lo ha convencido para asesinar a Pirro. Como trasfondo, el miedo de los griegos a que el joven heredero al trono de Troya, Astianacte (hijo de Héctor y Andrómaca), pueda vengar su reino una vez que sea adulto .

La ópera, la sexta de las nueve que Rossini compuso para los teatros de Nápoles, se estrenó el 27 de marzo 1819 y, tras esa primera función, no volvió a reponerse hasta 1987 en el festival de Pésaro. Quizá su difícil y gran orquestación, la dificultad vocal y el hecho de que las complicadas arias de sus protagonistas no sean muy conocidas, por el público en general, han hecho que sea una ópera que se representa a cuentagotas en la actualidad. Sin embargo, en La Coruña, tuvimos un gran elenco y una excelente orquesta que nos permitieron disfrutar de este raro título.

Ángela Meade (Ermione) es una soprano en continua progresión. Sus facultades de soprano dramática, con agilidades, son ideales para este rol que, no en vano, fue estrenado por Isabella Colbrán. Posee la norteamericana una voz timbrada, bella, grande y muy melódica. Dotada de un gran registro agudo en punta, de un magistral uso de los reguladores y de un eficaz canto di agilitá. Muy aplaudida y braveada fue su interpretación de la gran escena del Acto II: “Essa corre al trionfo … Amata, l´amai”.

Apabullante fue Michael Spyres (Pirro). El de Missouri es un auténtico baritenor rossiniano. Está dotado de un registro amplísimo y nos exhibió un registro de más de 2 octavas y media. Su voz es homogénea en toda la extensión, timbrada, con unos graves bien colocados (sin trucos ni gangas) y una excelente ascensión al agudo. Espectacular fue su gran aria “Balena in man del figlio” y la posterior cabaletta “non pavento …” dónde exhibió todos sus medios y pudimos disfrutar de un auténtico y puro “canto de sbalzo”. Quizá no tenga los medios y caudal de un Merritt, pero puede que una mejor línea de canto y estilo. Si acaso, y por decir algo, alguna nota se le quedaba colocada un poco atrás en el registro agudo, lo que le hacía perder igualdad por arriba, pero ello no es óbice para el gran actuación vocal que nos ofreció Spyres en este exigentísimo rol.

La otra vocalidad tenoril rossiniana, el contraltino, fue encarnada por Barry Banks (Orestes) también magnífico. Timbre claro, ágil, limpio, homogéneo perfectamente apoyado en la máscara y emitido, sin atisbos de nasalidades. Con gran técnica y facilidad para emitir las notas altas brilló también, al igual que Spyres, en todas sus intervenciones con especial mención a la dificilísima “Reggia aborrita … Che sorda al mesto pianto” y en el dúo final con Meade: “Sei vindicata! …”.

Alberto Zedda

Alberto Zedda

También estuvo soberbia la mezzo Marianna Pizzolato (Andrómaca), dotada de una voz lírica y melódica interpretó con gran musicalidad su cavatina del acto I “Mia delizia! Un solo instante …”. La verdad, es que fue un auténtico lujo haber podido disfrutar de este cuarteto protagonista en la ópera y tienen, gran parte de culpa, del éxito de la representación.

Nicola Ulivieri (Fenicio) puso sus medios y bella voz de bajo para dar vida al antiguo tutor y amigo de Pirro. Eficaz fue su aportación en toda la ópera. El tenor Francisco Pardo (Pílade) resolvió, pese a que quizás no era su estilo, este difícil cometido. Cumplió con el aria/duo del I acto de Orestes Ah!, come nascondere …y estuvo brillante, como el resto del reparto, en los difíciles concertantes de esta magistral obra rossiniana. Destacar también, pese a la brevedad de sus roles, a los jóvenes cantantes de la curso de interpretación vocal de Zedda: Maria Lueiro (Cleón), el tenor Diego Neira (Atalo) y la mezzo Flor Van der Suis (Cefisa).

Decían Tavernier y Coursudon en su diccionario 50 años de cine norteamericano que: “pasan las modas, se olvidan los cineastas, se ajan las efímeras glorias. Pero John Ford queda.”. Lo mismo podemos decir de Alberto Zedda. Al maestro le debemos el conocer a Rossini tal y como lo conocemos y se interpreta hoy en día. No vamos a descubrir nada nuevo, hay otros grandes directores rossinianos pero Zedda es Zedda. Inteligente, cuidada y briosa fue su dirección al frente de la Sinfónica de Galicia que, como no podía ser de otra forma, volvió a demostrar su grandísimo nivel en esta dificilísima partitura rossiniana. Zedda estuvo atento, en todo momento a las entradas e indicaciones tanto de los solistas como de la orquesta. Un auténtico placer haber podido disfrutar de esta Ermione, con Zedda, en La Coruña. También cabe destacar al coro de la Sinfónica de Galicia, dirigidos por Joan Company, quienes realizaron una gran labor ya desde su lúgubre intervención que corta el preludio: “Troia!, qual foste un dí!”.

En definitiva: un gran título operístico que poco se representa, un magnífico reparto, una brillante orquesta dirigida por una personalidad como Zedda … todos los ingredientes para disfrutar, como disfrutamos, los que asistimos al Palacio de la Ópera de La Coruña el día 6 de junio. Una vez más destacar y agradecer la gran temporada que los Ámigos de la Ópera de La Coruña y la Sinfónica de Galicia han puesto en pié en la ciudad herculina y desearles todo lo mejor para que nos puedan seguir ofreciendo veladas como está y de un título del que Rossini decía que era como su Guillermo Tell pero en italiano

Daniel Diz

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