El príncipe de Lampedusa en la Temporada

Recuerdos del príncipe de Lampedusa

El hijo adoptivo del autor de ‘El Gatopardo’ evoca en A Coruña sus lazos con Verdi y Visconti

Xosé Manuel Pereiro A Coruña 11 SEP 2014 – 21:45 CEST

 

Gioacchino Lanza Tomasi, en A Coruña / gabriel tizón

Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), autor que con una única novela, magistral y póstuma, El gatopardo, logró acuñar un concepto sociopolítico, el gatopardismo o lampedusianismo, fue un ser solitario. Creció en un palacio con 300 habitaciones en el que vivía una docena de personas y quizá por ello decía que le gustaba “estar más con las cosas que con la gente”. Cuánto tiene de memorias su novela, escrita al final de una vida dedicada al estudio, o al menos al consumo, de literatura, es un debate habitual. Gioacchino Lanza Tomasi (Roma, 1934), su primo segundo e hijo adoptivo, ha pasado por A Coruña, donde describió el juego de afinidades no solo entre la vida y la obra de Lampedusa, sino sus relaciones con las Visconti, que llevó al cine la novela, o la de Verdi.
“¿Es una condecoración, un reconocimiento?”, preguntaba el príncipe de Salina, protagonista de El gatopardo a Chevalley, el representante de la nueva y unificada Italia que le ofrecía un puesto en el Senado. “Es legislar en beneficio del pueblo”, contestaba el enviado del rey Víctor Manuel. “Si hubiese sido algo honorífico, lo aceptaría”, respondió Salina. Lanza Tomasi recordaba de memoria este fragmento de la obra antes de leer una carta de Verdi a su confidente Clarina de Maffei en la que le dice: “Es de todo imposible conciliar parlamento y colegio cardenalicio, libertad de prensa e inquisición, Papa y rey de Italia”. Eran las razones por las que el compositor de La Traviata confesaba que iba a hacer caso omiso a la oferta de ser senador.
Lanza, musicólogo, director artístico y uno de los más prestigiosos especialistas en ópera italiana, es hijo de Fabrizio Lanza Branciforte di Mazzarino, conde de Assar, y de la aristócrata española María Conchita Ramírez de Villa Urrutia y Camacho. Además del parentesco que lo unía con Lampedusa, fue uno de los afortunados alumnos (en realidad, el otro alumno) a los que el autor de El gatopardo impartía clases de literatura inglesa y francesa. “También traducíamos obras de otros idiomas. Por ejemplo del castellano a Lope de Vega, Quevedo, Góngora, ‘El Lazarillo’…, aunque yo no hablo español, desgraciadamente. Mis padres nos enseñaban inglés, francés y alemán y decían que el español ya lo aprenderíamos fácilmente por su similitud con el italiano”.
“Usábamos un diccionario de la Real Academia que había comprado en Inglaterra, creo que de 1789, y tenía una lista de refranes”, contó Lanza. “Estábamos con ‘La Celestina’ y topamos con la expresión ‘a perro viejo no cuz cuz’. Miramos y vimos que quería decir que al que tiene experiencia de las cosas, no es fácil engañarle con agasajos. Giuseppe se rio mucho, porque dijo que a él le pasaba igual, con cumplidos no se conseguía mucho”. A Lampedusa había algo sin embargo de la historia española que no le cuadraba: cómo su admirado Napoleón podía haber sido derrotado en Bailén.
Las clases con Gioacchino Lanza eran un entretenimiento intelectual, que fue siempre la principal ocupación de Lampedusa. Había participado en la Gran Guerra, donde fue hecho prisionero e internado en un campo de concentración húngaro, de donde puso escapar y regresar andando a Italia. En 1932 se casó en Riga con una prestigiosa psicoanalista letona Alexandra von Wolff-Stomersee, Licy¸ pero el choque de caracteres entre la madre de Giuseppe Tomasi y su esposa determinaron que ella viviese en su castillo de Letonia y él en Sicilia. Después pasaban la mitad del año juntos. “Más que una atracción amorosa, tenían una atracción intelectual. Para pasar el invierno tenían algo parecido a una academia. Ella a él le hablaba en chino, y él a ella en árabe, o algo así. En realidad no sé si aprendían mucho”, sonríe el actual príncipe Lampedusa.
En la banda sonora de El Gatopardo (la película), además de pasajes de La Traviata (“yo estuve en el estreno del montaje que dirigió Visconti con María Callas en La Scala en 1955”, dice Lanza”), Nino Rota incluyó una obra inédita de Verdi cuya partitura encontró casualmente en una mercado de viejo. Esa partitura se ha perdido. “Cuando falleció Visconti, ya se sabe, al morir un artista, los agentes, los parientes…”, lamenta Gioacchino Lanza. “Visconti y Lampedusa no se conocían, pero eran de la misma clase. Por eso se hubieran caído bien, aunque uno fuese del norte, del bando de los vencedores, y otro del sur, de los perdedores”, comenta al final de la conferencia Nicoletta Polo, la esposa del actual príncipe Lampedusa, una filóloga eslavista que ha preparado con su marido para Mondadori las Obras Completas de Giuseppe Tomasi. Además de la novela incluyen aquellas clases de literatura en forma de ensayo y los cuentos Recuerdos de infancia, La sirena y el profesor y Los gatitos ciegos, que escribió entremedias de El gatopardo y también se editaron póstumamente.

Fuente: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/09/11/galicia/1410464737_565340.html

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